aso Epstein: así eran las famosas fiestas de Ghislaine Maxwell (a las que acudían los Trump y los Rolling Stones) que acababan siempre con chicas desnudas y orgías cutres

aso Epstein: así eran las famosas fiestas de Ghislaine Maxwell (a las que acudían los Trump y los Rolling Stones) que acababan siempre con chicas desnudas y orgías cutres

Residente en una cárcel de Brooklyn (Nueva York) desde el pasado julio, Ghislaine Maxwell (59 años) ya solo puede presumir de ser la presidiaria más famosa del planeta. Ni fiestas ni jets privados ni islas paradisíacas la reciben ya como invitada, y tampoco sus famosos amigos (del príncipe Andrés a Naomi Campbell o los Trump) disfrutan de sus habilidades como anfitriona. Era, al menos eso cuentan algunas amigas, el alma de la fiesta. Poca diversión puede alegrarle últimamente la existencia: su abogada ha contado que Maxwell tiene dificultades para dormir, encuentra la comida detestable y hasta se le cae el pelo.

Según una carta que ha enviado al juez, Ghislaine Maxwell acusa a un guardia de extralimitarse en un cacheo rutinario hasta el punto del abuso sexual. La vigilancia que sufre en el Metropolitan Detention Center es extrema: cada cuatro horas encienden la luz de su celda y la cachean y registran cuatro veces al día, todo para evitar que termine suicidándose como hizo su amigo Jeffrey Epstein, condenado por pedofilia y tráfico de menores.

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En su primera comparecencia ante el juez, Ghislaine Maxwell se declaró no culpable del cargo de abuso de menores, una acusación realizada por varias mujeres agredidas sexualmente por Jeffrey Epstein, el millonario para el que la ‘socialite’ británica ejercía, supuestamente, de ‘madame’: ella se encargaba de reclutar adolescentes y de convencerlas para aceptar las invitaciones del magnate. Maxwell insiste en que jamás vio ni menores ni mujeres jóvenes ni anda que pudiera parecer tráfico, aunque viajaba junto a Epstein en el mismo jet privado en el que trasladaba a las chicas a cualquier de sus propiedades en Nueva York, Florida, Nuevo México o las Islas Vírgenes. Sin embargo, tendrá que esperar al juicio para sustentar su versión ante las denunciantes. Su situación es complicada, pero fuera de la cárcel tampoco mejora: su reputación esté experimentando ningún tipo de rehabilitación.

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Esta semana, dos de sus amigas han contado en distintos medios de comunicación estadounidenses cómo era Ghislaine Maxwell cuando reinaba en los cenáculos, primero londinenses (es británica) y luego, neoyorquinos. Seguramente no sorprenderá a nadie, pero el retrato que pintan no tiene nada que ver con la inocencia que la acusada de tráfico de menores reclama. Nicola Glucksmann, psiquiatra clínica, era una habitual de sus fiestas en 1991, antes de emigrar a Estados Unidos y conocer a Epstein. En una entrevista para el website estadounidense ‘Tortoise’, ha contado el panorama que se encontró en una cena en Headington Hall, la mansión familiar, en Oxfordshire.

“Recuerdo que éramos ocho personas a la mesa. La cena estaba siendo muy agradable, pero de repente Ghislaine se levantó y anunció que era la encargada de los juegos y que, para calentar motores, todos los hombres tenían que ponerse unos antifaces que había traído de la habitación de al lado. El juego consistía en que las mujeres se desnudaban y dejaban que los hombres las palparan y trataran de adivinar a quién tenían entre manos. Una amiga y yo salimos de la habitación, así que no sabemos exactamente cómo terminó aquello”.

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“Nos quedamos pasmadas”, sigue contando Glucksmann. “Para nosotras era algo totalmente fuera de lugar. Ya entonces me di cuenta de que tenía una manera de entender el sexo muy cercana a una moneda de cambio. Era una mujer que desplegaba una superficialidad muy estudiada. Era descarada y lista”. El escrito Mark Seal investigó para la edición estadounidense de ‘Vanity Fair’ cómo Ghislaine Maxwell se había convertido en el centro neurálgico de la vida social neoyorquina: le contaron que en una de sus cenas en el East Side, enseñó a sus invitados cómo podían utilizar juguetes sexuales mientras cenaban o en otras situaciones sociales.

En el podcast ‘Power: The Maxwells’, la escritora Christina Oxenberg cuenta que recibió una invitación de Ghislaine para tomar el te, poco después de la muerte de su padre. “Había otras tres chicas, británicas y delgadísimas. Obviamente eran ‘pijísimas’. Ghislaine se comportó de manera muy extraña. Ni siquiera se había vestido para la reunión: iba en ropa interior”.

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Conchita Sarnoff, abogada y amiga de Ghislaine, comenzó a trabajar a partir de 2000 con asociaciones contra el tráfico de personas. También ha contado una anécdota significativa al website ‘Tortoise’. “Alrededor de 2009, comencé a colaborar con organizaciones que luchan contra el tráfico de menores. Investigando un caso, salió a relucir el nombre de Jeffrey Epstein. Corrí a la comisaría de policía de Palm Beach y conseguí todos los informes policiales que pude sobre el caso. El nombre de Ghislaine estaba en absolutamente todos los folios. Fue un shock“.

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“Recuerdo que salí de la comisaría con la BlackBerry en una mano y los informes en otra, crucé la calle hasta el parque que había enfrente y me senté a leerlos de nuevo”, sigue relatando Sarnoff. “Contaban atrocidades. Llamé a Ghislaine inmediatamente, aunque no la veía desde 2005, cuando Epstein nos invitó a pasar el fin de año en su casa de Palm Beach. Le dije que estaba muy preocupada y le conté lo que había leído, pero ella se limitó a reírse y a quitarle importancia. Me dijo: ‘Es ridículo‘. Yo le contesté: ‘Espero que tengas un buen abogado'”.

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