Conspiración, misterio y locura: la lucha de Britney Spears por recuperar el control de su vida (que su padre le arrebató)

Conspiración, misterio y locura: la lucha de Britney Spears por recuperar el control de su vida (que su padre le arrebató)

Era el verano de la revolución. Se derribaban estatuas y cientos de personas se echaban a la calle para exigir cambios. A finales de julio, ante los juzgados Stanley Mosk, en el centro de Los Ángeles, docenas de manifestantes se reunieron bajo un cielo cubierto. Llevaban mascarillas y blandían pancartas. Protestaban. Eran jóvenes, diversos y no estaban para bromas. “¿Qué queremos?”, exclamaba por un megáfono rosa un hombre vestido de negro con botas militares. La respuesta fue atronadora: “¡Liberar a Britney!”.

El grupo se había congregado a escasas manzanas del Ayuntamiento, donde semanas atrás se habían desarrollado muchas de las manifestaciones de Black Lives Matter. Pero este movimiento es distinto, pequeño aunque creciente: este grupo está convencido de que Britney Spears se encuentra atrapada en una tutela inmoral y posiblemente ilegal. Y que su salvación depende de ellos.

En 2008, tras una crisis de salud mental en la que se rapó la cabeza y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo, el control de Spears, entonces de 26 años, quedó en manos de su padre (en función del Estado se habla de tutela o custodia). El Tribunal Supremo de California autorizó a Jamie Spears a controlar las finanzas, la asistencia médica y otros aspectos de la rutina de su hija. En un primer momento era una tutela temporal. Pero 12 años después sigue en vigor. La opinión pública no ha tenido el menor acceso ni a las audiencias ni a los documentos judiciales, de modo que se sabe poco de las condiciones del acuerdo. Sí sabemos que Jodi Montgomery, que en su web se describe como fiduciaria registrada, ha ejercido de tutora temporal de la artista desde septiembre de 2019, cuando su padre abandonó sus funciones tras una operación de colon, según la revista People.

También sabemos que un año después el abogado de Spears, Sam Ingham III, presentó una solicitud para que Montgomery siguiera desempeñando esa función, y aseguró que su clienta se “oponía con vehemencia” a que su progenitor fuera su tutor. Asimismo sabemos que, durante el periodo que ha sido tutelada, Spears ha trabajado sin cesar. Publicó cuatro discos, hizo el mismo número de giras mundiales y, en su exitoso espectáculo residente en Las Vegas, Piece of Me, dio 248 conciertos en cuatro años, en los que recaudó 50.000 dólares por espectáculo. No sabemos si Spears quería estar sobre el escenario o en el estudio de grabación, si está contenta, si está bien.

Para muchos de sus fans, las respuestas se hallan en su Instagram. Lo que a los no iniciados les puede parecer una desordenada colección de selfis, frases inspiradoras y vídeos, según los seguidores del movimiento #FreeBritney es una desesperada petición de ayuda. En primer lugar está el color de la blusa de la artista, que por lo visto coincidía con las sugerencias que algunos dejaban en los comentarios para que vistiera de amarillo (o rojo, o azul, o lo que sea) si estaba en apuros. También estaban las rosas, “símbolo de sigilo y silencio”, como señaló un usuario. En un vídeo la cantante da nueve pasos hacia delante y hacia atrás, lo que significa S. O. S. en código Morse. Además, cómo no, estaban sus pestañas. “Que yo sepa, fui la primera en notarlo”, declara Iysis Johns, una joven de 17 años de Pensilvania. Lo que vio fueron las palabras “Llamad al 911” escritas en las pestañas inferiores de Spears en una foto de Instagram en la que la cantante posaba a la sombra de un árbol. Johns asegura que nunca le había prestado demasiada atención a la cantante. “Desgraciadamente, yo era una de tantas personas que la tildaban de ‘loca”. Pero vio un vídeo de TikTok en el que “se explicaba hasta qué punto es grave su falta de libertad” y empezó a interesarse por el tema. “Investigué y vi que Britney mencionaba los ‘ojos’ en el pie de foto, así que pensé que debía haber un mensaje”. Johns contó en los comentarios lo que había visto, y al poco tiempo miles de fans también lo empezaron a ver.

Una chica vio las palabras "llama al 911" escritas en las pestañas inferiores de Britney

A medida que la teoría fue cobrando fuerza, las deducciones aumentaron. Un fan advirtió que la artista tenía una leve separación entre los dientes, y otros empezaron a conjeturar que la mujer de las publicaciones “ni siquiera era Britney”. La habían matado y la habían sustituido por un clon. Sam Asghari, el novio de Spears, estaba controlando la cuenta. Cuando pareció que la artista había iniciado un Live desde la cuenta de Asghari (un fragmento de tres segundos en el que no se la distingue, pero en el que supuestamente se le oye decir: “Estamos en directo”, antes de que su pareja coja el móvil), los fans enloquecieron. “Aquí hay algo raro”, comentó uno. El novio publicó una story para explicar el incidente: “Mi chica… ha hecho un directo sinquerer (sic) porque el nuevo Instagram es un lío”. Algo creíble, dijeron algunos. Demasiado creíble.

Para entender la etiqueta #FreeBritney hay que remontarse a 2009. Jordan Miller estaba hecho una furia. Llevaba una semana actualizando BreatheHeavy.com, una fanpage dedicada a la cantante, y comentando su custodia. Saber que a la artista le habían quitado el móvil lo sacó de sus casillas. Para expresar su rabia, subió una publicación titulada “A la prisionera le niegan el privilegio de un móvil”. Sin preverlo, dio nombre a un movimiento. “La frase me quedó muy tosca”, me cuenta. “No olvides que era un adolescente (tenía 20 años)”. Miller terminó la publicación con un imperativo que tendría consecuencias: “¡Abrid los ojos! ¡LIBERAD A BRITNEY!”. La expresión empezó a difundirse por Internet, pero parecía que solo los seguidores más acérrimos de Spears le prestaban atención. En abril de 2019 Miller recibió una llamada de Tess Barker y Barbara Gray, del podcast Britney’s Gram. Le avisaron de que pensaban titular un episodio con la frase “#FREEBRITNEY”, y que sería un bombazo. Un hombre les había dejado un mensaje en el que aseguraba ser un antiguo asistente jurídico del equipo de Spears. Según él, habían obligado a la cantante a tomar medicamentos que ella no quería y la habían encerrado en un psiquiátrico en contra de su voluntad.

Britney’s Gram había empezado casi como una broma. Pero el análisis irónico del Instagram de la artista se había convertido en una cruzada para Barker y Gray. “El cambio se produjo mientras buscaba algo para el podcast y me encontré con una instancia que había presentado el antiguo custodio de Britney (Andrew Wallet) para que le subieran los honorarios”. Barker se dirigió a la vista judicial en la que se iba a abordar ese aumento; fue la única representante de los medios. “Entonces pensé: ‘Bueno, a lo mejor este podcast ya no es solo de humor”.

Aunque las afirmaciones de ese mensaje en el contestador no se han verificado, Gray y Barker aseguraron que comprobaron la identidad del hombre. Los representantes de Spears han guardado silencio sobre el asunto y no se han emprendido acciones legales contra Britney’s Gram, algo que Miller considera “revelador”. Miles de fans de la artista tomaron nota y #FreeBritney empezó a ser tendencia en Twitter. Había nacido un movimiento.

“Da la impresión de que parte del atractivo de #FreeBritney radica en que sus seguidores se pueden ver como unos fans que contribuyen al rescate de Spears, como si esta fuera una moderna Rapunzel”, declara Joe Pierre, profesor de Psiquiatría Clínica en la UCLA.

El ejército de voluntarios y héroes salvadores de Britney Spears se reunió un día de julio. Faltaba poco para que acabase el periodo de Jodi Montgomery como tutora temporal y el juez tendría que decidir si nombraba a un nuevo supervisor. Aunque la vista se desarrollaría por Zoom, Kevin Wu, de 36 años, declaró: “Estamos aquí para que sepan que los vigilamos”.

Todo el mundo puede ser vulnerable a las teorías de la conspiración, especialmente si desconfiamos de los medios, si la información fiable no está disponible o si no se distingue fácilmente de la falsa. Teniendo encuenta el velo de secretismo que rodea la tutela de Spears, no es de extrañar que los fans empezaran a preguntarse qué estaba pasando. A partir de ahí, lo sorprendente es lo poco que tardaron en creer que ellos tenían la respuesta. “A los seres humanos se les da ‘bien’ encontrar patrones en medio del ruido ambiental, cuando tienen la motivación para hacerlo”, señala Pierre. “Además, alguna que otra teoría conspirativa acaba siendo cierta”.

Puede que la verdad del caso Britney Spears sea más extraña y más triste que cualquier teoría. “Dentro de la profesión jurídica, la situación (de la tutela de Spears) sí nos parece rara”, asegura Lisa MacCarley, abogada testamentaria e inmobiliaria de California. MacCarley no ha trabajado con la artista ni mantiene ningún vínculo con la custodia en curso, pero el caso le llamó la atención y ha participado en algunas manifestaciones recientes para mostrar su apoyo. “Hasta en Sacramento, cuando hablo con los legisladores, me dicen: ‘¿Qué está pasando? Nadie lo entiende”.

El caso de Spears se está examinando en un tribunal testamentario, que por lo general se ocupa de las tutelas de personas ancianas con trastornos cognitivos y de individuos con lesiones cerebrales graves. En los casos de enfermedad mental normalmente las tutelas las llevan tribunales dedicados a la salud mental. En ellos, el tutor debe pedir que se le renueve el cargo cada año. En el ámbito testamentario, estas tutelas pueden extenderse de manera indefinida. “Para mí, esto es otro ejemplo del mal funcionamiento del tribunal testamentario de Los Ángeles”, añade MacCarley. “Por eso me he involucrado en el tema. Porque estamos viendo cómo traumatiza, explota y maltrata a las familias un sistema que debe protegerlas”.

“Es muy difícil salir de una tutela. Esto es algo de lo que mucha gente no es consciente”, aclara Zoe Brennan-Kohn, abogada que trabaja en el Proyecto para los Derechos de los Discapacitados de la ACLU, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. Después de que Sam Ingham, letrado de la cantante, presentara los documentos en los que se pedía que Jamie Spears dejara de ser el custodio, la ACLU publicó un tuit para apoyar a la estrella en el que se decía, entre otras cosas: “Si Britney Spears quiere recobrar sus libertades civiles y que le levanten la tutela, aquí estamos para ayudarla”.

Hay otras razones para que las circunstancias de Spears causen preocupación. En el verano de 2019 a los dos hijos de la artista —Sean, de 15 años, y Jayden, de 14— les concedieron una orden de alejamiento de su abuelo, después de que este, supuestamente, agrediera físicamente al mayor. También está Lou Taylor, antigua administradora de Spears, cuyo marido es el párroco de Calvary Chapel Brentwood, una iglesia evangélica en cuya web se lee: “Dios creó el matrimonio monógamo entre hombre y mujer para que fuese el pilar de la familia y la estructura básica de las sociedades humanas. Por tanto, celebramos bodas de acuerdo con la Biblia y con el Antiguo y Nuevo Testamento”. Teniendo en cuenta hasta qué punto una parte de los fans de Spears proceden de la comunidad LGBTQ+, el vínculo de Taylor con la Calvary Chapel se antoja contradictorio. En BreatheHeavy.com, Taylor ha sido criticada con frecuencia. “Bueno, algunos de ellos hasta la llaman Loucifer”, cuenta Miller. Es posible que el ejército de Brit tuviera algo que celebrar pocas semanas después de queMiller y yo habláramos: por motivos aún sin aclarar, Taylor renunció a su cargo, según una carta del 28 de octubre y enviada por los abogados de Jamie que se incluye en los documentos judiciales presentados por Ingham. A Spears no se lo notificaron. Lo que hizo su padre fue sustituirla por Michael Kane, sin comentar con la cantante los detalles del puesto, el salario o las condiciones del cargo: un cambio al que Inhgam se opuso y que describió como “un intento flagrante por parte de James de conservar el control funcional de los bienes, registros y archivos de Spears”.

“No vamos a dejar de presentarnos en los juzgados hasta que liberen a Britney”, afirma Chris, de 28 años. Es posible que la labor de estos fans esté funcionando. Dos semanas después de la audiencia, Ingham solicitó que se levantase la confidencialidad del caso. En el documento también parecía sugerirse que Spears no solo conocía el movimiento #FreeBritney, sino que lo apoyaba.

“En este momento de su vida en el que trata de recobrar cierto grado deautonomía, Britney aplaude y agradece el apoyo de muchos de sus fans”, escribió Ingham. “Lejos de ser una teoría conspirativa o un ‘chiste’, tal como James supuestamente declaró en los medios de comunicación, este escrutinio es razonable y el resultado de usar la confidencialidad a lo largo de los años, con el fin de minimizar la información que recibe la opinión pública”.

“Me pareció muy interesante que en esos documentos hubiera una foto de una pancarta en la que se leía: “Cárcel para Jamie. Liberad a Britney. Investigad a Lou”, apunta Miller en tono insinuador. Lo cierto es que entre los documentos había un artículo de Page Six en el que Jamie Spears refutaba la validez del movimiento #FreeBritney, en la publicación se incluía la foto de una pancarta, así como una imagen retocada con Photoshop en la que Britney saludaba detrás de las rejas de una cárcel.

Pocos días antes de la audiencia prevista para septiembre comenzaron a circular por la comunidad #FreeBritney nuevos documentos publicados por la revista ET. Presentados por Ingham, revelaban que “una hora antes de la última vista”, en agosto, Jamie Spears había pedido al tribunal que volviera a declarar tutor a Andrew Wallet, el hombre cuya petición de que le aumentaran el sueldo en 2018 había llevado a que Barker y Gray se interesaran por el caso. Ingham afirma que esa decisión repentina fue, en parte, una venganza por la negativa de Spears a subir a los escenarios, lo que “obligará (a Jamie) a realizar cambios drásticos en el presupuesto de la artista”.

“Por lo visto, esta frugalidad no se aplica a los honorarios, procedentes de la tutela, que James paga a los profesionales financieros de los que se rodea”, prosigue el letrado, que señala que el salario de Wallet es “desorbitado”, y que también asegura que Wallet resulta “extraordinariamente inapropiado” para desempeñar el cargo de supervisor adjunto. Según los documentos, a la cantante le gustaría “trabajar con un fideicomiso empresarial que le pueda ofrecer un despacho físico y un equipo de profesionales financieros independientes, en lugar de colaborar con un único individuo, elegido por su padre y un absoluto desconocido para ella”. Ingham también ha declarado que Spears “sigue avanzando para lograr mayor autonomía”.

A los hijos de Britney les concedieron en 2019 una orden de alejamiento de su abuelo

A mediados de noviembre de 2020 Ingham le dijo a un juez, en una audiencia supuestamente “conflictiva”, que Britney “no piensa regresar a un escenario si su padre controla su carrera”, y subrayó que ella tiene miedo a su progenitor. Aunque el juez aprobó la petición de Britney de añadir al fideicomiso Bessemer Trust como uno de sus tutores, Jamie también sigue siéndolo.

Quizá nunca conozcamos toda la verdad tras este caso, pero tenemos el derecho a creer lo que queramos. Si uno contempla el tiempo suficiente esa foto de Spears bajo la copa de un árbol que ilumina el sol, quizá acabe viendo las palabras “Llamad al 911”.

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