El matrimonio de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battemberg: una historia de amor, infidelidades, tragedias y escándalos que acabó en el exilioy en un mar de indiferencia

El matrimonio de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battemberg: una historia de amor, infidelidades, tragedias y escándalos que acabó en el exilioy en un mar de indiferencia

A Alfonso XIII le habían ofrecido tres candidatas para casarse: la Princesa británica Patricia de Connaught; la Duquesa alemana María Antonieta de Mecklenburg-Schwerin, y la Archiduquesa austriaca María Gabriela. El rey Eduardo VII organizó una recepción para agasajar a Alfonso durante su primer viaje oficial por Gran Bretaña. Allí estaba Patricia Connaught para propiciar que se conocieran. Alfonso se fijó en ella, pero ella no le correspondió porque, según confesó más tarde, no quería ser Reina. Pero en esa misma recepción, Alfonso tuvo claro que rechazaría a las otras dos candidatas tras coincidir con Victoria Eugenia de Battenberg, que apenas tenía 18 años.

Era 1905, un año antes del enlace matrimonial de ambos, y la princesa Victoria Eugenia, nieta de la Reina Victoria (dicen que era su nieta favorita) y ahijada de la emperatriz Eugenia de Montijo, atrajo todas las miradas de Alfonso. Rubia, de ojos muy claros y tez pálida, fascinó al joven rey, que empezó a cortejar inmediatamente a la joven con su frase de despedida. “¿Me recordará?”, le preguntó. “La visita de un Rey nunca se olvida”, dicen que respondió ella.

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Alfonso XIII sintió un auténtico flechazo. La princesa había nacido en el Castillo de Balmoral, en 1887 y se había criado en el de Windsor. Muchos en la corte española no la consideraban, sin embargo, a la altura. No era, a diferencia de sus primos, una princesa real, y parece que tenía ascendencia judía por su abuela paterna, la condesa de Haucke. La tía del rey, la Infanta Eulalia, hizo todo lo que pudo para frustrar el matrimonio, contando intimidades de la Familia Real española en las reuniones a las que la invitaban en Londres. El diario ABC, sin embargo, convocó un concurso entre sus lectores para ver a qué princesa preferían como esposa del Rey Alfonso y ganó Victoria Eugenia por aplastante mayoría.

Los novios se escribieron decenas de cartas y postales. Pero, a pesar de ello, apenas se conocían cuando se casaron. La reina María Cristina, madre del novio, sí sabía, por ejemplo, que Victoria Eugenia podía transmitir la hemofilia, algo que la familia real inglesa guardaba en secreto. Pero no está claro si Alfonso XIII prefirió hacer caso a su corazón, en lugar de a su cabeza, o simplemente no tenía la información. Otro de los obstáculos, la religión de Victoria Eugenia, se solucionó con una recargada ceremonia de abjuración celebrada días antes de la boda. Victoria Eugenia, que era anglicana, se convirtió al catolicismo para poder ser reina de España.

La boda se celebró el 31 de mayo de 1906, en la Iglesia de San Jerónimo el Real, en Madrid. El vestido de la novia estaba confeccionado en satén blanco y con encaje traído de Inglaterra. Tenía una cola de cuatro metros y lo habían elaborado 40 oficialas. Sujeto por la tiara Flor de Lis, que le había entregado Alfonso a Victoria Eugenia como como regalo de bodas, y que hoy es una de las piezas más valiosas del joyero real, llevó el velo nupcial de su suegra, la reina María Cristina, con bordados de flores de lis y el águila imperial austriaca, el mismo que utilizó la Infanta Cristina en su boda en 1997. Alfonso XIII obsequió a la novia con varias joyas más, como un collar de chatones de diamantes a juego con unos pendientes.

Sin embargo, lo que se había organizado con todo el mimo para que España deslumbrara en las Cortes europeas se convirtió en un día aciago. Cuando los novios habían abandonado la Iglesia para regresar al Palacio Real, el anarquista Mateo Morral tiño de sangre la alegría del momento al lanzar un ramo de flores que escondía una bomba contra el cortejo nupcial cuando atravesaba la Calle Mayor. Los novios salieron ilesos, pero murieron 23 personas y 104 resultaron heridas. La novia vio como la sangre salpicaba su vestido. A pesar de todo, no se cancelaron las distintas fiestas nupciales. Pero el recuerdo de Victoria Eugenia quedaría marcado para siempre. Fue una de las últimas exhibiciones de riqueza y fasto antes de que la I Guerra Mundial acabara con esa manera de vivir la monarquía.

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La pareja pasó su luna de miel en el palacio La Granja de San Ildefonso, en Segovia. Estaban muy enamorados. Los problemas empezaron con el nacimiento de su primer hijo, Alfonso, un año después. Nació con hemofilia. Alfonso XIII no pudo reprimir su frustración y, con el tiempo, adoptó una actitud desdeñosa hacia Victoria Eugenia, a la que responsabilizaba de la enfermedad de su primogénito. A pesar de todo, los reyes tuvieron cinco hijos más, tres niños y dos niñas. Un sexto nació muerto. Gonzalo, el menor, también murió de hemofilia. Mientras el matrimonio parecía incapaz de superar su desencuentro, Alfonso XIII se entregó a sus amoríos extramatrimoniales, con aristócratas, actrices, cantantes y damas de la sociedad, entre ellas la cupletista Julita Fons, la estrella de las revistas musicales Celia Gámez y la actriz Carmen Ruiz Moragas, con la que tuvo dos hijos. Uno de ellos, Leandro, consiguió que la justicia le reconociera el apellido Borbón en 2003.

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Los reyes apenas se dirigían la palabra. La reina Victoria Eugenia estaba al tanto de todo y aguantó todos los años que duró el reinado de Alfonso XIII con estoicismo, consolándose con sus damas de honor o rezando. Todo cambió con la llegada de la II República y la salida al exilio, el 15 de abril de 1931. Alfonso XIII fijó primero su residencia en París y, más tarde, en Roma, donde murió en 1941. Victoria Eugenia, tras tiempo con el Rey, eligió su propio camino y se instaló en Lausana, Suiza, en el Hotel Royal y luego en una casa llamada La Vielle Fontaine. Se reencontraron pocas veces, una de ellas en 1938, con motivo del bautizo en Roma del Rey Juan Carlos. Pero él ni siquiera quiso recibirla en su lecho de muerte, en la suite del Gran Hotel de Roma. Ella murió en Suiza el 15 de abril de 1969, tras haber visitado el año anterior España, después de casi cuarenta años de exilio, para amadrinar al rey Felipe VI. Un viaje que la llenó de emoción y recuerdos.

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