La anécdota más inquietante del documental de Woody Allen (y hay muchas): cuando quiso seducir a Mariel Hemingway en el rodaje de Manhattan con un beso y un viaje a París en habitación compartida (él tenía 44 años y ella, 16)

La anécdota más inquietante del documental de Woody Allen (y hay muchas): cuando quiso seducir a Mariel Hemingway en el rodaje de Manhattan con un beso y un viaje a París en habitación compartida (él tenía 44 años y ella, 16)

El documento es impactante. ‘Allen v. Farrow’ pone sobre la mesa una verdad tan incómoda como la que expuso el documental sobre Britney Spears: es posible cuestionar el tratamiento judicial y mediático de las denuncias de las estrellas y famosas antes del #MeToo y la llamada de atención del feminismo. Un portavoz de Woody Allen ya ha declarado que la serie de HBO es una “una pieza chapucera”, mientras que Soon-Yi Previn, su actual pareja, opina que “su objetivo es clavar un hacha de falsedades”.

Lo cierto es que, ahora sí, pese a defensas librescas, memorias y homenajes cinematográficos, la figura del director neoyorquino queda tocada. ‘Allen v. Farrow’ marca un antes y un después en la consideración de Woody Allen: el relato de los supuestos abusos a Dylan, la hija que adoptó junto a Mia Farrow, es impactante. Uno de los episodios que rescata, como ejemplo de la fascinación del director con las adolescentes, tiene que ver con el rodaje de ‘Manhattan’ (1979), protagonizado por una jovencísima Mariel Hemingway en el papel de objeto de deseo.

Incluso la fan más acérrima de Woody Allen, Greta Gerwig (directora de ‘Mujercitas’) ha confesado que no entiende cómo pudo admirar tantísimo ‘Manhattan’ sin advertir la toxicidad de la relación amorosa que plantea: un hombre de 42 años (Woody Allen) que, desde un desequilibrio de poder evidente (ella es solo una estudiante de instituto; él, un guionista de televisión), seduce a una jovencita de 17 (Mariel Hemingway, de 16 años entonces). La consideración de la película, discutible por pertenecer a una época en la que no se cuestionaban este tipo de comportamientos, tiene mucho que ver con lo que sucedía en la vida real. El romance escolar que Woody Allen llevó a la gran pantalla se inspiró en su propio ‘affaire’ con Baby Christina Engelhard, una modelo de 16 años. Allen tenía 41.

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Christina Engelhard desveló su relación secreta con Woody Allen, un romance que duró ocho años, en 2018, cuando ya tenía 59. Aunque asegura que fue ella la que llevó la iniciativa, aceptó las condiciones del director sin rechistar: prohibido hablar de trabajo y limitar sus encuentros a su apartamento de la Quinta Avenida. “Yo solo quería complacerle. Decía a todo que sí porque él era el director. Yo solo tenía devoción”, recuerda. De hecho, tras esta relación tuvo otras muy similares, con hombres mayores y poderosos que buscaban mujeres serviles: Federico Fellini, Jeffrey Epstein, o el decisivo productor de Paramount (‘El padrino’, ‘Love Story’, ‘La semilla del diablo’) Bob Evans. “Era guapa, inteligente y no discutía ni juzgaba. Era discreta y nada me escandalizaba”, reconoció en su momento Engelhard. “Jugó conmigo”, aseveró.

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Mariel Hemingway interpretó en ‘Manhattan’ un papel inspirado en Christina: el de la escolar Tracy que se convierte en la obsesión de un cuarentón. Sus recuerdos de aquel rodaje continúan imborrables, y no solo porque los publicara en sus memorias en 2015. En ‘Out Came the Sun’, Mariel Hemingway relató cómo Woody Allen trató de seducirla románticamente (lo que hoy llamaríamos ‘grooming’) y que se mostraba embelesado con ella. “Hizo que me sintiera increíblemente inteligente. Me llevó a museos, a conciertos. Me regaló su sabiduría”, escribió. Sin embargo, no todo fue tan platónico, ya que el guión incluía una escena con beso entre ambos que resultó tan desagradable como era de prever. “Jamás había besado a nadie”, recuerda la actriz. “La escena del beso me aterrorizaba. Afortunadamente, la toma era muy larga y yo no tuve que hacer nada. Él se abalanzó sobre mí como si fuera la defensa del equipo contrario”.

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Hubo un episodio más que sí disparó todas las alarmas de Mariel Hemingway: un viaje a París que Woody Allen pretendía hacer con ella en cuanto cumpliera 18 y con el beneplácito de su padres. De hecho, el director viajó a su casa en Idaho y les convenció para llevársela. Tan convincente fue que los padres de la joven ni siquiera tuvieron en cuenta que Allen no había aclarado en qué condiciones iban a alojarse ambos. “Woody no dio ninguna pista sobre este particular y quise que mis padres le pararan los pies, pero no lo hicieron. Es más: me animaban a acompañarle”. En sus memorias, Mariel cuenta que se levantó esa misma noche y acudió a la habitación de invitados donde dormía el director y le dijo: “No voy a tener mi propia habitación en París, ¿verdad? Entonces no puedo ir a París contigo”. Woody Allen se fue de su casa a la mañana siguiente.

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