“La justicia es lenta y confío en ella, pero está muy ciega”. El relato de Rocío Carrasco sobre cómo perdió a su hijo David es el ejemplo perfecto de violencia institucional

“La justicia es lenta y confío en ella, pero está muy ciega”. El relato de Rocío Carrasco sobre cómo perdió a su hijo David es el ejemplo perfecto de violencia institucional

De todas las cosas que salen mal en el trágico relato que Rocío Carrasco está haciendo de su vida, la pérdida de su hijo David es el ejemplo máximo de mala suerte y de esa indefensión aprendida que sufren las víctimas de violencia de género ante los ataques constantes de su verdugo. Sorprende a la vista de las pruebas documentales que la hija de Rocío Jurado aporta en la docuserie de Telecinco semana tras semana cómo su eterno enfrentamiento con Antonio David Flores y Olga Moreno en los juzgados acaba siempre igual: con resoluciones a su favor que se convierten en papel mojado. ¿Estamos ante el ejemplo televisivo de lo que los expertos en violencia de género llaman violencia institucional?

Qué es la violencia institucional y por qué deberíamos hablar más de ella

España posee una de las leyes más avanzadas para luchar contra la violencia de género, pero todos los expertos que han desfilado por el plató de “Rocío, contra la verdad para seguir viva” tienen la boca seca de advertir que aún queda mucho por hacer; las leyes, por sí solas, no lo son todo, y queda mucho trabajo por hacer y muchos recursos que dedicar en los propios mecanismos que el estado pone en marcha para detectar y proteger a las víctimas de sus maltratadores.

Las víctimas de violencia de género corren el riesgo de convertirse en víctimas por partida doble una vez que piden ayuda. Tanto las Naciones Unidas en el año 2010 como la Unión Europea hablan de que existe algo llamado “victimización secundaria”, un tipo de daño que puede sufrir una víctima y que no es consecuencia directa del acto delictivo en sí, sino de la respuesta de quienes deberían ayudarla. Una respuesta inadecuada que puede venir desde cualquier estamento, desde un policía que duda del testimonio de una víctima cuando interpone una denuncia a una justicia vacía de recursos que no puede hacer cumplir las condenas que ella misma firma.

La victimización secundaria conlleva aumentar el daño psicológico que la víctima ya sufre por culpa del delito, convierte a la víctima en “más víctima”, la despoja de sus derechos y sufrirla puede hacer que una persona que acude a pedir ayuda acabe arrepintiéndose de su decisión y sintiéndose profundamente desamparada. La violencia institucional es uno de los brazos ejecutores de esa revictimización y es especialmente cruel en el caso de las mujeres que han sufrido violencia de género.

En la sexta modificación de medidas que pide Antonio David Flores este reclama la custodia de su hijo en exclusiva aludiendo a que como la madre está en tratamiento psicológico y la hija ya no vive con ella lo mejor sería que el hijo también viviera con él. Y pide 4600 euros por la manutención por los hijos (el mismo hombre que jamás pasó la pensión de sus hijos cuando le correspondió). El juez no solo no le hace caso, sino que le niega la pensión a la hija, Rocío Flores, “por existir causa de desheredación”.

En realidad el plan ya estaba montado y lo que dijera el juzgado era lo de menos: según relata Rocío Carrasco Antonio David Flores y Rocío Flores llevan meses manipulando a David para que quiera irse a vivir con ellos y abandone a su madre. Ese verano el niño pide ir dos meses a la casa paterna y Rocío Carrasco lo consiente. El niño jamás volvería.

El día de su boda Rocío Carrasco debe afrontar una portada de Lecturas en la que se ve a su hijo llorando y con el titular “mientras ella se casa sus hijos lloran”. Antonio David Flores no devuelve a su hijo a la casa materna para que asista a la boda de su madre mientras aparece en todas las televisiones en las que pudo aparecer diciendo que ella no le había invitado al enlace.

Rocío Carrasco pide en el juzgado que se le devuelva a su hijo. La justicia le da la razón de nuevo y se dictamina que el niño, que entonces tenía 17 años, debe volver inmediatamente al domicilio materno. No se hace efectiva. Una vez más, violencia institucional. La vista de esa reclamación se celebra en 2017. David ya tiene 18 años. Su madre ya sabe que lo va a perder, tras meses en la casa de su padre sabe que el joven va a decir que se queda con él… como finalmente ocurre.

Tras años de informes que son un claro SOS hacia dos niños vulnerables y sentencias que de dictaminan pero no se aplican a Rocío Carrasco aún le queda el último golpe de violencia institucional por descubrir: su hijo fue empadronado sin su consentimiento en Málaga seis meses antes de su boda. Antonio David Flores ya sabía en marzo que su hijo jamás volvería a Madrid a la casa de su madre en septiembre.

Fuente: Leer Artículo Completo