La paradoja que separó a los hermanos: ¿llevaba razón Guillermo al decirle a Harry que no tuviera prisa con Meghan?

La paradoja que separó a los hermanos: ¿llevaba razón Guillermo al decirle a Harry que no tuviera prisa con Meghan?

Pese a que Oprah intentó en su entrevista con Harry y Meghan que hubiese otra revelación bomba al abordar la relación del príncipe Harry con su hermano, el príncipe Guillermo, no lo consiguió. La respuesta de Harry fue casi idéntica a la que ya había dado en el documental sobre su tour africano. Entonces, Harry confesaba a Tom Brady, periodista de ITV y autor del documental, que entre Guillermo y él“es inevitable que pasen cosas". El resto de la respuesta fue casi idéntica a la que le dio a Oprah:

“Pero somos hermanos, siempre seremos hermanos. Es cierto que ahora vamos por caminos distintos. Pero siempre estaré ahí para él y sé que él siempre estará para mí, él siempre estará allí para mí. No nos vemos tanto como solíamos porque estamos muy ocupados, pero le quiero mucho”.

Eso fue en otoño de 2019, y desde entonces la relación no ha mejorado. En la entrevista a Oprah, Harry volvió sobre esas declaraciones: “Como ya he dicho hace tiempo, quiero a muerte a Guillermo. Es mi hermano. Hemos pasado un infierno juntos. Pero estamos en caminos distintos. La relación ahora mismo está en ‘darnos espacio’”.

Hoy, Guillermo ha roto su silencio con un cierto tono de enfado en dos respuestas de pasada durante un acto público: ni la familia real "es para nada racista" ni ha hablado "aún" con su hermano desde la entrevista, "pero lo haré". La pregunta es si lo hará antes o después que la reina, que ya se ha ofrecido a hablar con la pareja en persona para aliviar tensiones.

Las mismas que desembocaron en la entrevista cuando, hace unas semanas, la reina, su hijo Carlos, y los dos hermanos se reunieron tras un año de Megxit para comunicarle a Harry, entre todos, que se quedaba sin sus patronazgos ni sus títulos honoríficos militares. Algo que dejó hundido a Harry (su hermano, su padre y su abuela, juntos para decirle que le quitaban lo único que deba sentido a su parte royal) y que posiblemente motivase la escenificación total de la ruptura. Haciendo todo lo que no hacen los royals a este lado de Lady Di: hablar en profundidad de la familia en una entrevista televisada. Reivindicar a su mujer y a su madre, víctimas cada una a su manera del vitriolo incesante de los medios británicos.

No exageramos: los medios británicos no tienen límite a la hora de meterse con los royals. Y es algo que ha terminado por costarle el trabajo a Piers Morgan, el archienemigo televisivo de la pareja, uno de esos comunicadores que se aprovechan de la política de la casa real (nunca contestar a los medios) para poder soltar perlas que, en el caso de cualquier otro ciudadano, acabarían en los tribunales. O que lleva a que, en un día cualquiera, digamos por ejemplo el peor de Harry este año (cuando se enfrentó a su familia y perdió sus últimas prebendas), una radio cuente con un "experto en royals", Rod Liddle, editor en The Spectator y ex BBC, para dar su opinión de tertuliano.

Una opinión que incluía la frase textual "me pone enfermo ese idiota pelirrojo de sonrisa estúpida"; del que dijo que era "tan corto" que "le faltan unos cuantos diamantes para ser las joyas de la Corona" (la versión más royal hasta la fecha del despectivo "le faltan dos patatitas para el kilo"); y que "hace que el príncipe Andrés sea Stephen Hawking a su lado", en una espectacular muestra de cómo insultar gratuitamente a varias personas en un puñado de palabras. Esto es, más o menos, el nivel amarillista por defecto de gente como Morgan, Liddle, cuatro o cinco cabeceras y tres o cuatro emisoras de radio sólo en el Reino Unido. Sin contar redes sociales. Y esto sobre Harry, en su peor día.

Meghan ha tenido que soportar peores cosas, algunas de ellas por el color de su piel. La han acusado de narcisista por anunciar su embarazo. Han criticado hechos tan trascendentales como que se siente, o que lleve pantalones. Y mejor no hablemos de sus desayunos: el Mail llegó a titular una vez "¿Lleva el tentempié favorito de Meghan a la sequía y el asesinato?" porque a Markle le gustan las tostadas con aguacate. A cualquier persona le sonaría irreal. Para el Mail, era otro miércoles más:

Todo este contexto es necesario para entender la postura de Harry: cuando dice que su hermano y él pasaron juntos "un infierno", se refiere, por supuesto a la encarnación final de todo ese veneno mediático: los paparazzi persiguiendo a Diana hasta su muerte. Un trauma que nunca superó, del que Guillermo y él han hablado a menudo y por el que escogieron abanderar causas de salud mental como royals en activo, y frente al que la familia real británica nunca ha puesto freno público (parte del trabajo a tiepo completo de Harry y Meghan fue tener que lidiar –y litigar contra esa prensa y contra las peores criaturas de las redes sociales–. Cuando Harry habla de que su padre y su hermano están "atrapados por la institución", se refiere a eso: al momento en el que deciden ejercer de royals y no de familiares. Al momento en el que cuelgas la humanidad de una percha porque te tienes que cambiar y vestir de príncipe, una de las especialidades de la familia real británica.

Esa frialdad fue la que golpeó a Harry al principio de su relación con Meghan. En la crónica de la relación de Megharry desde sus inicios hasta la salida de palacio, Finding Freedom, se cuenta que Guillermo se dirigió a su hermano cuando empezaba a salir con Meghan a decirle que pusiese los sentimientos a un lado: "No sientas que tienes que apresurar esto", le dijo Guillermo a Harry, en su papel de hermano mayor royal. “Tómate el tiempo que haga falta para conocer a esa chica”. No a "Meghan", no a "tu novia", ni siquiera a "la chica que te gusta": a esa tipa. A esa extraña que no es una de nosotros. "Harry se enfadó muchísimo", cuenta la biografía: "que su propio hermano le pidiese algo así".

Esa espinita no sólo quedó clavada, sino que se convirtió en premonitoria, una de tantas profecías autocumplidas: Harry, el príncipe rebelde, pensó que podía acomodar a Meghan en una institución y la idea de un país tan orgullosos de su pasado como alérgicos al cambio. A esa parte del país tan orgulloso de ser una isla que se ha marchado de Europa. Cuando lo que quizás Guillermo estaba indicando es que se tomase su tiempo para que Meghan dejase de ser "esa chica" para el resto de la realeza (salvo para la abuela, la reina, que le cogió cariño enseguida). Guillermo también proyectaba en su hermano el mismo trance que él pasó con su noviazgo con Kate Middleton, el que convirtio a Middleton en Waity Katie (la Paciente Katie) para la prensa inglesa tras ocho añazos de noviazgo. La diferencia es que Guillermo sería algún día la reina Isabel; y Harry, la princesa Margarita.

La institución había avanzado lo suficiente como para que a Harry no se le pusiesen pegas (su puesto en la línea de sucesión implicaba que necesitaba permiso para casarse) por elegir a una mulata estadounidense divorciada, por poner los tres adjetivos que más canas y oh, my gracious goodness podían sacar en Bukcingham. Algo que Margarita sí tuvo que sufrir: que no le dejasen escoger novio (y por boca de su hermana), llevando a su boda con Lord Snowdon, a una vida disoluta y a montar varios escándalos al liarse con chavales con bañadores con la bandera inglesa y al divorciarse, harta ya de estar "atrapada por la institución". Pero las cosas no habían avanzado lo bastante como para darse cuenta de que el papel de los royal seniors tenía que adaptarse a la Inglaterra actual. Una que, para empezar, tenía ya en el último censo (de 2011) a un 14% de población racializada.

Guillermo también estaba siendo un poco cínico: Kate Middleton era inglesa, de clase acomodada, vivía en Inglaterra (y vivía de soltera con su hermana Pippa en un piso de un millón de euros en Chelsea, a escasos minutos de Guillermo). Se conocieron en la Universidad. No había prisa. Markle mientras era actriz en activo, rodaba en Canadá y tenía un océano de distancia con Harry. ¿Se imaginan manteniendo una relación a distancia ultraoceánica de ocho años? ¿Y una en la que además los Morgan y Liddle del mundo fueran friendo a titulares, a fuego lento, día tras día, a la actriz? Por supuesto que Meghan Markle habría salido corriendo. Cualquier ser humano lo habría hecho.

De hecho, esa presión es la que ha llevado a que Meghan salga corriendo, sí, del brazo de su marido y padre de sus hijos. Y hacer entender eso a Guillermo es quizás lo único que puede aliviar la brecha entre los hermanos, y quizás el día 1 de julio de este año. La agenda de ambos príncipes marca para ese día la inauguración de la estatua de Diana en los jardines de Kensington. El momento para que ambos hermanos recuerden qué fue lo que le pasó a su madre dentro de la institución, y lo que pasó cuando decidió escapar de la misma y morir al intentar llevar la vida de un ser humano, no la de una royal.

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