Los 22 años de Alexandra de Hannover, el ojito derecho de Carolina de Mónaco: una intelectual enamorada de un deportista y que sueña con ser ‘personal shopper’

Los 22 años de Alexandra de Hannover, el ojito derecho de Carolina de Mónaco: una intelectual enamorada de un deportista y que sueña con ser ‘personal shopper’

Discreta al máximo, huidiza con las miradas ajenas y alejada de las polémicas que rodean cada cierto tiempo a su padre, Alexandra de Hannover cumple 22 años siendo una de las princesas más desconocidas de las realezas europeas. La hija menor de Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover es poseedora del mayor número de títulos de los Grimaldi, ya que es princesa von Hannover, duquesa de Brunswick y Lüneburg y princesa de Gran Bretaña e Irlanda, aunque no tiene derechos sucesorios a la corona inglesa ya que está bautizada por el rito católico.

Muy unida a su hermana mayor Carlota Casiraghi, de 34 años y que además es una de sus madrinas de bautismo, y a sus primas Camille Gottlieb (con la que solo se lleva dos años) y Pauline Ducruet (27), ambas hijas de Estefanía de Mónaco, Alexandra nació en Vöcklabruck, en Austria, pocos meses después de la boda de sus padres. Carolina y Ernesto se casaron el 23 de enero de 1999, el mismo día que la princesa monaguesca cumplía 42 años, en una boda secreta oficiada por Patrice Davost, presidente del consejo de estado, y con apenas unos cuantos invitados entre los que se encontraban Rainiero -padre de ella-, su hermano Alberto (Estefanía no fue invitada), la princesa Antoinette y los cinco hijos de la pareja, Ernst August y Christian, y Andrea, Carlota y Pierre. Como testigos, la condesa Albina du Boisrouvray –prima de Rainiero y madrina de Carlota– y Spyros Niarchos, gran amigo del novio, hijo de Stavros Niarchos y entonces todavía casado con Daphne Guinness.

La luz que iluminó la vida de Carolina

La llegada en pleno verano de Alexandra (cuyo nombre completo es Alexandra Charlotte Ulrike Maryam Virginia) fue un soplo de aire fresco para Carolina, que desde que nació su hija ha estado siempre muy cerca de ella. Sin duda, la princesa disfrutó al máximo de su infancia, algo que tal vez le costó más con sus tres hijos mayores –Andrea, Pierre y Carlota– tras la trágica pérdida de su marido Stéfano Casiraghi en octubre de 1990, momento tras el que Carolina se recluyó en su casa de la Provenza para pasar el luto. La niña creció alejada de la prensa y vivió a las afueras de París, concretamente en Le Mée-sur-Seine, a una hora al sur de la capital francesa, durante sus primeros diez años de vida. En el verano de 2009, Alexandra se mudó a Mónaco y allí fue a L’Institut François d’Assise Nicolas Barré, un centro escolar católico, hasta su graduación.

Con 12 años, la princesa hizo su primera aparición pública en un desfile de Alta Costura acompañando a su madre al front row de Chanel, firma fetiche de la princesa monegasca y de cuyo diseñador principal durante años, Karl Lagerfeld, fue musa. Cuatro años más tarde, Alexandra se presentaba en sociedad en el glamuroso Baile de la Rosa en Mónaco, donde posó con cierta timidez (y con un adecuado vestido rosa de organza de Chanel) al lado de su madre y su hermana Carlota. En ese momento, cuando la prensa allí congregada trató de hablar con ella, Alexandra contestó con naturalidad: “Podéis llamarme solo Alex”, dando muestra de esa vida normal que ella siempre ha querido llevar.

Campeona de patinaje sobre hielo

Aunque la moda ha terminando siendo una de sus grandes pasiones, en su infancia fue el deporte lo que llenó muchos de sus ratos libres tras el colegio. Le encantaba esquiar (afición que sigue practicando cada invierno en Suiza), jugar al fútbol y asistir a los partidos del equipo oficial del Principado con sus primos y amigos. Pero su gran afición siempre fue el patinaje sobre hielo (con 10 años le regalaron por Navidad sus primeros patines) y llegó a participar en espectáculos y concursos nacionales e internacionales en los que era habitual ver a su madre en primera fila luciendo una sonrisa de orgullo que le iluminaba el rostro. Porque Alexandra siempre ha sido el ojito derecho de la princesa y ha pasado mucho tiempo a su lado en vacaciones y viajes madre e hija a Estados Unidos o África. En 2015, la joven representó a Mónaco en el Festival Europeo Olímpico Juvenil en Austria y también lo hizo el año siguiente en el Gran Premio Junior de Patinaje Artístico.

Tras concluir la escuela, Alexandra quiso poner tierra de por medio y escapar de las miradas de la prensa, siempre pendientes de cada movimiento de los miembros de la familia más conocida de Mónaco. Se instaló en Nueva York, siguiendo los pasos de su prima Pauline Ducret, y allí comenzó a estudiar Ciencias Políticas y Filosofía en la prestigiosa Universidad de Columbia. De su vida en Manhattan apenas hay datos, salvo que le gustaba moverse en bicicleta por la ciudad y que solía quedar con sus primas para ir a cenar a algún local de moda. En la única entrevista que ha concedido hace algo más de un año a la revista Telva, Alexandra confesaba que su sueño es dedicarse al mundo del arte o de la moda. En concreto, la hija de Ernesto de Hannover aseguraba que una de sus profesiones soñadas sería convertirse en personal shopper para poder comprar todo lo que quisiera sin sentirse culpable.

¿A un paso del altar?

Desde los 17 años, Alex sale con Ben-Sylvester Strautmann, también de 22 años (cumplirá los 23 en diciembre). El joven alemán pertenece a una familia de millonarios originaria de Baja Sajonia que hicieron su fortuna gracias al transporte de maquinaria agrícola. Además, sus padres trabajan en el sector de la banca. Educado en Munich, Ben es jugador de baloncesto y forma parte del equipo nacional de basket de Mónaco, pero también siente pasión por la música y ha trabajado con dj en fiestas y locales VIP en más de una ocasión. La pareja fue fotografiada por primera vez en noviembre de 2016 cuando asistieron juntos a la carrera benéfica No finish line. Desde entonces, Ben ha ido a diferentes eventos familiares de los Grimaldi, como la boda de Carlota con Dimitri Rassam en el verano de 2019 en el Palacio Real de Mónaco, pero también a otros más mundanos como el Baile de la Rosa o eventos deportivos.

Además, cada verano, Alexandra y Ben disfrutan de sus vacaciones en Saint Tropez a bordo del Pacha III, yate que Stefano Casiraghi regaló a Carolina de Mónaco en 1989. Hace tan solo unos días, la pareja aterrizaba en la localidad de la Costa Azul y se les ha podido ver paseando por sus calles junto a su perrito de raza Dachshund. En algunos medios franceses, ya se habla de una futura boda de la pareja, aunque muchos apuntan a que antes que ellos será Pauline, la hija de Estefanía de Mónaco y Daniel Ducruet, la que pase por el altar con su novio Maxime Giaccardi, con el que sale desde hace tres años y que se dedica al mundo de los negocios (en 2017 fundó Oblivion Lifestyle Management, empresa que ofrece todo tipo de servicios de lujo -desde guardaespaldas a jets o coches de lujo- en el Principado de Mónaco, la Riviera francesa y otros puntos en los que se congregan los millonarios como Dubai y Beverly Hills).

Literatura y moda, de la mano

Además del deporte y la moda (sus referentes son su madre, su hermana y sus cuñadas Beatrice Borromeo y Sassa de Osma, y es normal verla en front rows junto a Tatiana Santo Domingo, mujer de su hermano mayor Andrea Casiraghi), podríamos decir que Alexandra de Hannover es toda una intelectual. Afirma que la literatura es una de sus aficiones y que devora los libros. Entre sus novelas favoritas se encuentran El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, o La insoportable levedad del ser, un clásico del escritor checo Milan Kundera publicado en 1984 y ambientado en Praga durante 1968. Aunque afirma que le gusta llevar una vida normal, lo cierto es que la joven posee diferentes propiedades como la mansión de Hurlingham Lodge en Londres, el castillo de Marienburg en la Baja Sajonia y otras en Mónaco, París e Isla Mauricio.

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