Rozalén: “A los Reyes les he pedido vacunas para todos y más inversión también para la Sanidad”

Rozalén: “A los Reyes les he pedido vacunas para todos y más inversión también para la Sanidad”

Como a casi todos los artistas, a Rozalén el COVID-19 le ha impedido hacer lo que más le gusta: dar conciertos, estar en contacto directo con su público, cantar en escenarios desde donde poder ver la reacción de quienes la siguen desde hace años y de los que se han incorporado atraídos por su voz, por las letras o por su compromiso con los problemas de la sociedad. Lo que en modo alguno le resta pasión para hacer lo que hace: componer y cantar sobre temas que llegan al corazón. Para hablar de su último disco, ‘Y busqué’, quedamos en el centro de operaciones de su discográfica Sony Music, en el Paseo de la Castellana, donde coinciden grandes artistas que como ella llevan la música por medio mundo.

¿Qué busca Rozalén en momentos tan complicados?
El título del disco lo dice todo: ‘Y busqué’, que se centra en la búsqueda contínua, un viaje a mi interior que comenzó durante la subida al templo de Tepozteco, en México, donde descubrí mis propias inseguridades, que son las que aparecen en “La respuesta estaba dentro de mí”.

Un viaje interesante pero difícil por la altura.
Sí, porque esa subida a la montaña fue como una metáfora de la vida, ya que ésta tenía forma de serpiente, muchas curvas, de ahí que cuando llegas a la cima, te encuentras a ti misma. Algo que ya había descubierto haciendo senderismo.

No da la impresión de que su ascenso a la fama haya sido difícil.
En este caso no me estoy refiriendo al triunfo o a la fama, sino a la vida. Y la mía no ha sido fácil porque llevo desde los 16 cantando para muy poquita gente. He tenido que torear con gente que no me ha tratado muy bien, nada que ver con los últimos años que han sido gloria bendita.

¿Triunfar era un objetivo para usted?
No, sentí que había triunfado cuando dos personas que no conocía de nada decidieron escucharme cantar, ése fue el verdadero triunfo. Aunque para mí, el éxito es poder dormir tranquila.

¿Qué destacaría de la Rozalén cantante y compositora?
Siempre he luchado por ser coherente, lo pongo de manifiesto en este disco que surge antes de la pandemia, aunque lo terminé cuando estábamos confinados, lo quería componer hace tiempo, ya que en el anterior CD conté la historia de mis raíces y en éste quería ponerme frente al espejo.

¿Qué es lo que más y lo que menos le gusta de su personalidad?
Soy alegre, muy transparente, lo que ves es lo que soy, y eso tiene su parte buena y mala, a veces mostrarte como eres trae dificultades. Lo que menos me gusta de mí es que no sé gestionar mis emociones, porque soy hipersensible.

Hay especialistas que le enseñarían…
Lo sé, pero creo que con el paso del tiempo voy a peor, me afecta todo demasiado, porque no sé poner límites, ése es mi mayor defecto, pero a la vez es el que me permite escribir mis canciones.

¿No sabe decir no?
No, y eso es un problema.

Es algo que se aprende con los años.
Rosa, pues yo voy para atrás como los cangrejos. He compuesto la canción “Que no, que no” para ver si aprendo a decirlo, es la que canto en la película de Icíar Bollaín ‘La boda de Rosa’. Tengo incapacidad para decir que no, cuando lo digo, me siento mal.

¿También le costó gestionar la fama?
No he aprendido a gestionarla todavía, pero sí he aprendido a vivir con ella y a sacar lo bueno que tiene, porque la fama significa para mí que mis canciones llegan a la gente, y así es como la vivo.

Comprometerse contra la violencia de género tiene un precio.
Por supuesto, hay gente a quien le molesta que no piense como ellos. Y si ése es un precio que tengo que pagar, lo pago, porque me merece la pena ya que en la vida hay que ser honestos, y yo necesito decir lo que pienso siempre, y si es posicionarme contra la violencia de género, lo hago porque me parece una injusticia, hay que denunciarlo.

Más de 40 mujeres han sido asesinadas en 2020, lo que demuestra la falta de concienciación de la sociedad.
Lo peor es que cuando leemos o escuchamos, lo normalizamos. Cifras que contabilizan sólo cuando ocurre en el entorno de las parejas, pero hay montones de mujeres que han sido asesinadas por quienes formalmente no son sus parejas. Y es porque el machismo sigue presente en la sociedad.

¿Prima lo políticamente correcto?
Hay una piel muy fina, también porque ahora todo el mundo puede opinar a través de las redes sociales. Antes, estas cosas quedaban en el ámbito privado, ahora no, ahora parece que estuviésemos todo el tiempo en la barra de un bar.

Ventajas y problemas de la globalización.
Sí, por eso compensa mojarse. Hay momentos en los que puedes pensar, para qué me voy a meter en esto, pero enseguida rectificas y como me siento libre, tengo además un arma maravillosa que es poder decir lo que pienso con mis canciones.

¿Cómo ha vivido esta pandemia?
Imagínate, cada vez que escucho las cifras de las personas que han muerto, que siguen muriendo, siento el dolor de esas familias que no han podido abrazar a los suyos, ni decirles adiós. Pienso en el drama que no sale a la superficie de quienes han perdido a seres queridos y de los que no se habla.

Dramas que no ha dado tiempo a superar.
Y que van a dejar muchas secuelas. Es por lo que tenemos que agarrarnos a la música, a los libros, al humor, y a todo lo que nos dé un poquito de alegría y de vida.

Hay a quien le cuesta centrarse en la lectura.
Yo en el confinamiento tuve meses de mucha energía y por eso estuve muy activa en las redes sociales, cantando en todos los sitios que me pedían, porque creía que era lo que tenía que hacer, estar para los demás. Es verdad que ahora estoy más triste.

¿Por alguna razón especial?
Por muchos motivos, estamos todos más agotados, en la desescalada salimos con cierta ilusión, incluso dimos conciertos, porque de verdad bajaron los números, en cambio ahora estoy agotada. Activa sí estoy, pero no tan positiva como en verano. Lloro más, estoy más sensible, no sé… Pero hay que tener esperanza para seguir adelante.

¿Qué le ha pedido a 2021?
Que la vacuna nos llegue a todos, y que la ciencia nos dé la alegría que nos falta, porque en ellos hemos puesto todas nuestras esperanzas. Aunque a veces pienso que no nos merecemos lo que los científicos están haciendo para salvar vidas, porque se debería haber invertido más, muchísimo más en ciencia y en investigación.

Y a los Reyes Magos, ¿qué les ha pedido?
Pues vacunas para todos, y más inversión también para la Sanidad.

¿Le han suspendido muchos conciertos?
Imagínate, aun así fui de las afortunadas que pude dar algunos, pero nada que ver con los que tenía programados en España y en Hispanoamérica. Pero también eso ha sido un aprendizaje para mí.

¿En qué sentido?
No hay que hacer proyectos a tan largo plazo, hay que estar más en el día a día.

A nivel afectivo, ¿qué ha aprendido?
Que nos necesitamos todos, necesitamos que nos abracen y abrazar. Hemos perdido tanto que necesitamos verbalizar los sentimientos, decir más veces ‘te quiero’.

No creo que vayamos a cambiar…
Yo espero que algo sí cambie, por ejemplo, la mascarilla, el miedo, saber que somos vulnerables… A lo relacionado con los afectos creo que vamos a darle más valor.

Su abuela ha sido un pilar en su vida.
Se me ha ido mi musa, y ahora estamos viviendo el luto de su pérdida. Yo nunca había visto morir a nadie a quien quería tanto, bueno nunca había visto morir a nadie, y he sufrido tanto esa semana… Tengo tanto que agradecer a los sanitarios por el cariño y el cuidado que han dado a ese cuerpo marchito… Tenía 92 años, y estaba malísima, pero hemos tenido la suerte de que ha podido morir rodeada de todos nosotros.

¿Qué valores le enseñó?
Mi abuela ha sido mi modelo de vida, la que me inculcó el respeto al trabajo y a la autenticidad. Ella me ha enseñado a amar mis raíces, la tierra, los animales. Era una gran contadora de historias, algo que he heredado también es ser valiente…

Y sus padres, ¿qué le han inculcado?
La parte más sensible la he heredado de mi padre desde que era sacerdote; después, cuando se dedicó a la política, siempre ha tenido un contacto con lo social que no es normal. Cuando en casa vemos una película, el que llora es mi padre. Mi madre es feliz con poco, no tiene ambiciones, en su pueblo es feliz, ella también tiene que aprender a decir que no, porque toda la vida ha estado dedicada a los demás.

¿Cómo ve en esa España vacía?
Es curioso cómo los pueblos se han puesto de moda con la pandemia, ahora en mi pueblo se vive mejor y esa es la parte positiva de lo que está ocurriendo.

Aunque no vive ahí.
Yo intento dar mucha visibilidad a esa zona de Castilla La Mancha, porque aunque no vivo allí sino a las afueras de Madrid, la realidad es que los valientes son los que se quedan en los pueblos.

¿Qué pediría a los gobiernos para que potencien la España vacía?
Que no descuiden los medios rurales porque son la base de todo, de la agricultura, la carne, todo. El pueblo, el campo, es el que ha demostrado en esta pandemia que sin ellos no habríamos podido ni siquiera comer.

De las canciones de su disco, ¿cuáles salvaría?
No me hagas elegir una porque son mis hijos. Y menos cuando acaba de salir.

Aunque las escuchen sensibilidades diferentes.
Por supuesto, porque unas son mas divertidas, otras más profundas, otras de crítica social… Dependería mucho del momento en el que me haces la pregunta… Ahora no sabría contestarte porque todas dicen algo que necesitaba contar, expresar…

Veo que retrasa la maternidad.
Sí, porque para las mujeres que trabajamos es muy difícil… Tengo 34, es un tema que sigue estando en mi cabeza, pero no es inmediato.

Entrevista realizada en Sony Music. Paseo de la Castellana, 202. Madrid

Mi foto favorita

“Esta foto me gusta porque estoy con dos de mis referentes: mi madre y mi abuela, que acaba de fallecer, y con la que tuve una relación muy especial”.

¿Quién es Rozalén?

Nació en junio de 1986 y creció en Letur, en la sierra del Segura, Albacete.

Trayectoria. De niña cantaba, recitaba y daba clases de baile y bandurria. A los 7 años formó parte de las rondallas del barrio de Fátima, en Albacete, donde estuvo 9 años como instrumentista y guitarrista. Comenzó a componer canciones de crítica social a los 14. Desde entonces no ha dejado de cantar, en lugares tan emblemáticos como el Teatro Romea.

Ha estudiado Psicología en la Universidad de Murcia y tiene un Máster sobre musicoterapia, especialidad en la que trabajó con enfermos de Parkinson y grupos en riesgo de exclusión social. Colabora con diversas ONGs, como la Asociación contra el cáncer y la Fundación Vicente Ferrer. Su primer disco lo grabó gracias al productor Ismael Guijarro y a un préstamo que pidió al banco. Poco después, la contrató Sony Music, entrando a formar parte del catálogo de la discográfica. En diciembre de 2014, consigue su primer disco de oro con “Derecho a….”. En 2015 pone voz a la banda sonora de La boda de Rosa de Icíar Bollaín. Su último trabajo, “Y busqué”, es un viaje a su interior.

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Rozalén: “A los Reyes les he pedido vacunas para todos y más inversión también para la Sanidad”

Rozalén: “A los Reyes les he pedido vacunas para todos y más inversión también para la Sanidad”

Como a casi todos los artistas, a Rozalén el COVID-19 le ha impedido hacer lo que más le gusta: dar conciertos, estar en contacto directo con su público, cantar en escenarios desde donde poder ver la reacción de quienes la siguen desde hace años y de los que se han incorporado atraídos por su voz, por las letras o por su compromiso con los problemas de la sociedad. Lo que en modo alguno le resta pasión para hacer lo que hace: componer y cantar sobre temas que llegan al corazón. Para hablar de su último disco, ‘Y busqué’, quedamos en el centro de operaciones de su discográfica Sony Music, en el Paseo de la Castellana, donde coinciden grandes artistas que como ella llevan la música por medio mundo.

¿Qué busca Rozalén en momentos tan complicados?
El título del disco lo dice todo: ‘Y busqué’, que se centra en la búsqueda contínua, un viaje a mi interior que comenzó durante la subida al templo de Tepozteco, en México, donde descubrí mis propias inseguridades, que son las que aparecen en “La respuesta estaba dentro de mí”.

Un viaje interesante pero difícil por la altura.
Sí, porque esa subida a la montaña fue como una metáfora de la vida, ya que ésta tenía forma de serpiente, muchas curvas, de ahí que cuando llegas a la cima, te encuentras a ti misma. Algo que ya había descubierto haciendo senderismo.

No da la impresión de que su ascenso a la fama haya sido difícil.
En este caso no me estoy refiriendo al triunfo o a la fama, sino a la vida. Y la mía no ha sido fácil porque llevo desde los 16 cantando para muy poquita gente. He tenido que torear con gente que no me ha tratado muy bien, nada que ver con los últimos años que han sido gloria bendita.

¿Triunfar era un objetivo para usted?
No, sentí que había triunfado cuando dos personas que no conocía de nada decidieron escucharme cantar, ése fue el verdadero triunfo. Aunque para mí, el éxito es poder dormir tranquila.

¿Qué destacaría de la Rozalén cantante y compositora?
Siempre he luchado por ser coherente, lo pongo de manifiesto en este disco que surge antes de la pandemia, aunque lo terminé cuando estábamos confinados, lo quería componer hace tiempo, ya que en el anterior CD conté la historia de mis raíces y en éste quería ponerme frente al espejo.

¿Qué es lo que más y lo que menos le gusta de su personalidad?
Soy alegre, muy transparente, lo que ves es lo que soy, y eso tiene su parte buena y mala, a veces mostrarte como eres trae dificultades. Lo que menos me gusta de mí es que no sé gestionar mis emociones, porque soy hipersensible.

Hay especialistas que le enseñarían…
Lo sé, pero creo que con el paso del tiempo voy a peor, me afecta todo demasiado, porque no sé poner límites, ése es mi mayor defecto, pero a la vez es el que me permite escribir mis canciones.

¿No sabe decir no?
No, y eso es un problema.

Es algo que se aprende con los años.
Rosa, pues yo voy para atrás como los cangrejos. He compuesto la canción “Que no, que no” para ver si aprendo a decirlo, es la que canto en la película de Icíar Bollaín ‘La boda de Rosa’. Tengo incapacidad para decir que no, cuando lo digo, me siento mal.

¿También le costó gestionar la fama?
No he aprendido a gestionarla todavía, pero sí he aprendido a vivir con ella y a sacar lo bueno que tiene, porque la fama significa para mí que mis canciones llegan a la gente, y así es como la vivo.

Comprometerse contra la violencia de género tiene un precio.
Por supuesto, hay gente a quien le molesta que no piense como ellos. Y si ése es un precio que tengo que pagar, lo pago, porque me merece la pena ya que en la vida hay que ser honestos, y yo necesito decir lo que pienso siempre, y si es posicionarme contra la violencia de género, lo hago porque me parece una injusticia, hay que denunciarlo.

Más de 40 mujeres han sido asesinadas en 2020, lo que demuestra la falta de concienciación de la sociedad.
Lo peor es que cuando leemos o escuchamos, lo normalizamos. Cifras que contabilizan sólo cuando ocurre en el entorno de las parejas, pero hay montones de mujeres que han sido asesinadas por quienes formalmente no son sus parejas. Y es porque el machismo sigue presente en la sociedad.

¿Prima lo políticamente correcto?
Hay una piel muy fina, también porque ahora todo el mundo puede opinar a través de las redes sociales. Antes, estas cosas quedaban en el ámbito privado, ahora no, ahora parece que estuviésemos todo el tiempo en la barra de un bar.

Ventajas y problemas de la globalización.
Sí, por eso compensa mojarse. Hay momentos en los que puedes pensar, para qué me voy a meter en esto, pero enseguida rectificas y como me siento libre, tengo además un arma maravillosa que es poder decir lo que pienso con mis canciones.

¿Cómo ha vivido esta pandemia?
Imagínate, cada vez que escucho las cifras de las personas que han muerto, que siguen muriendo, siento el dolor de esas familias que no han podido abrazar a los suyos, ni decirles adiós. Pienso en el drama que no sale a la superficie de quienes han perdido a seres queridos y de los que no se habla.

Dramas que no ha dado tiempo a superar.
Y que van a dejar muchas secuelas. Es por lo que tenemos que agarrarnos a la música, a los libros, al humor, y a todo lo que nos dé un poquito de alegría y de vida.

Hay a quien le cuesta centrarse en la lectura.
Yo en el confinamiento tuve meses de mucha energía y por eso estuve muy activa en las redes sociales, cantando en todos los sitios que me pedían, porque creía que era lo que tenía que hacer, estar para los demás. Es verdad que ahora estoy más triste.

¿Por alguna razón especial?
Por muchos motivos, estamos todos más agotados, en la desescalada salimos con cierta ilusión, incluso dimos conciertos, porque de verdad bajaron los números, en cambio ahora estoy agotada. Activa sí estoy, pero no tan positiva como en verano. Lloro más, estoy más sensible, no sé… Pero hay que tener esperanza para seguir adelante.

¿Qué le ha pedido a 2021?
Que la vacuna nos llegue a todos, y que la ciencia nos dé la alegría que nos falta, porque en ellos hemos puesto todas nuestras esperanzas. Aunque a veces pienso que no nos merecemos lo que los científicos están haciendo para salvar vidas, porque se debería haber invertido más, muchísimo más en ciencia y en investigación.

Y a los Reyes Magos, ¿qué les ha pedido?
Pues vacunas para todos, y más inversión también para la Sanidad.

¿Le han suspendido muchos conciertos?
Imagínate, aun así fui de las afortunadas que pude dar algunos, pero nada que ver con los que tenía programados en España y en Hispanoamérica. Pero también eso ha sido un aprendizaje para mí.

¿En qué sentido?
No hay que hacer proyectos a tan largo plazo, hay que estar más en el día a día.

A nivel afectivo, ¿qué ha aprendido?
Que nos necesitamos todos, necesitamos que nos abracen y abrazar. Hemos perdido tanto que necesitamos verbalizar los sentimientos, decir más veces ‘te quiero’.

No creo que vayamos a cambiar…
Yo espero que algo sí cambie, por ejemplo, la mascarilla, el miedo, saber que somos vulnerables… A lo relacionado con los afectos creo que vamos a darle más valor.

Su abuela ha sido un pilar en su vida.
Se me ha ido mi musa, y ahora estamos viviendo el luto de su pérdida. Yo nunca había visto morir a nadie a quien quería tanto, bueno nunca había visto morir a nadie, y he sufrido tanto esa semana… Tengo tanto que agradecer a los sanitarios por el cariño y el cuidado que han dado a ese cuerpo marchito… Tenía 92 años, y estaba malísima, pero hemos tenido la suerte de que ha podido morir rodeada de todos nosotros.

¿Qué valores le enseñó?
Mi abuela ha sido mi modelo de vida, la que me inculcó el respeto al trabajo y a la autenticidad. Ella me ha enseñado a amar mis raíces, la tierra, los animales. Era una gran contadora de historias, algo que he heredado también es ser valiente…

Y sus padres, ¿qué le han inculcado?
La parte más sensible la he heredado de mi padre desde que era sacerdote; después, cuando se dedicó a la política, siempre ha tenido un contacto con lo social que no es normal. Cuando en casa vemos una película, el que llora es mi padre. Mi madre es feliz con poco, no tiene ambiciones, en su pueblo es feliz, ella también tiene que aprender a decir que no, porque toda la vida ha estado dedicada a los demás.

¿Cómo ve en esa España vacía?
Es curioso cómo los pueblos se han puesto de moda con la pandemia, ahora en mi pueblo se vive mejor y esa es la parte positiva de lo que está ocurriendo.

Aunque no vive ahí.
Yo intento dar mucha visibilidad a esa zona de Castilla La Mancha, porque aunque no vivo allí sino a las afueras de Madrid, la realidad es que los valientes son los que se quedan en los pueblos.

¿Qué pediría a los gobiernos para que potencien la España vacía?
Que no descuiden los medios rurales porque son la base de todo, de la agricultura, la carne, todo. El pueblo, el campo, es el que ha demostrado en esta pandemia que sin ellos no habríamos podido ni siquiera comer.

De las canciones de su disco, ¿cuáles salvaría?
No me hagas elegir una porque son mis hijos. Y menos cuando acaba de salir.

Aunque las escuchen sensibilidades diferentes.
Por supuesto, porque unas son mas divertidas, otras más profundas, otras de crítica social… Dependería mucho del momento en el que me haces la pregunta… Ahora no sabría contestarte porque todas dicen algo que necesitaba contar, expresar…

Veo que retrasa la maternidad.
Sí, porque para las mujeres que trabajamos es muy difícil… Tengo 34, es un tema que sigue estando en mi cabeza, pero no es inmediato.

Entrevista realizada en Sony Music. Paseo de la Castellana, 202. Madrid

Mi foto favorita

“Esta foto me gusta porque estoy con dos de mis referentes: mi madre y mi abuela, que acaba de fallecer, y con la que tuve una relación muy especial”.

¿Quién es Rozalén?

Nació en junio de 1986 y creció en Letur, en la sierra del Segura, Albacete.

Trayectoria. De niña cantaba, recitaba y daba clases de baile y bandurria. A los 7 años formó parte de las rondallas del barrio de Fátima, en Albacete, donde estuvo 9 años como instrumentista y guitarrista. Comenzó a componer canciones de crítica social a los 14. Desde entonces no ha dejado de cantar, en lugares tan emblemáticos como el Teatro Romea.

Ha estudiado Psicología en la Universidad de Murcia y tiene un Máster sobre musicoterapia, especialidad en la que trabajó con enfermos de Parkinson y grupos en riesgo de exclusión social. Colabora con diversas ONGs, como la Asociación contra el cáncer y la Fundación Vicente Ferrer. Su primer disco lo grabó gracias al productor Ismael Guijarro y a un préstamo que pidió al banco. Poco después, la contrató Sony Music, entrando a formar parte del catálogo de la discográfica. En diciembre de 2014, consigue su primer disco de oro con “Derecho a….”. En 2015 pone voz a la banda sonora de La boda de Rosa de Icíar Bollaín. Su último trabajo, “Y busqué”, es un viaje a su interior.

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