La diferencia entre un perfume de 30 euros y uno de más de 300

La diferencia entre un perfume de 30 euros y uno de más de 300

Se dice que el perfume es la forma más tenaz del recuerdo. Que todos atesoramos en nuestra memoria olfativa conexiones directas con aquellos lugares en los que fuimos más felices: el amor, la niñez, el verano. De hecho, los perfumistas saben que para fijar una sensación y poder evocarla cuando pase el tiempo no hay nada como utilizar una fragancia: podremos volver al día de nuestra boda, a los primeros meses de nuestro hijo o a aquel viaje tan especial si asociamos un olor particular a cada uno de esos momentos. La nostalgia desprende un aroma contagioso y quizá por ello cada vez que se acercan fechas especiales los anuncios de perfumes invaden la televisión. Quizá también por ello la industria del perfume mueve más de 45.000 millones de euros al año (según datos de Euromonitor) y está en constante crecimiento.

Cada temporada tanto las firmas de lujo como marcas asequibles lanzan nuevas fragancias, es tan ingente la cantidad de nuevos perfumes que salen al mercado que resulta difícil saber cuánto deberíamos pagar por un perfume, o, al menos, cuál es la diferencia entre uno de 30 euros y uno de más de 300 con nombre similar. Un buen ejemplo: Amalfi Sunray, de la nueva colaboración entre la perfumista Jo Malone y Zara, que por 25,95 euros los 90 ml. evoca “los recuerdos felices del verano, las vacaciones en la Riviera italiana” con notas de bergamota, mandarina y flor de naranjo frente a Neroli Portofino de Tom Ford (355,50 euros los 100 ml. de su eau de parfum), una creación de Rodrigo Flores-Roux de 2007 inspirada en las aguas azules del Mediterráneo en verano, con bergamota italiana, limón siciliano, mandarina amarilla y neroli de Túnez, entre otras. Suenan muy parecido pero, ¿qué es lo que hace que un perfume sea considerado bueno?

Buscamos la respuesta en Emilio Valeros, perfumista de Loewe (donde creó 90 fragancias) durante 30 años, Académico de Número de la Academia del Perfume (donde ocupa el Sillón Lavanda), y nariz que ha dejado una de las huellas más importantes en el mundo de la perfumería en nuestro país. “Todos los perfumes pueden ser una buena creación, dentro de su estatus o categoría. Unos serán mejores que otros según la calidad de sus materias primas, la investigación que hay detrás y la calidad de sus moléculas, pero al final es decisivo cómo nos haga sentir”, explica. Eso sí, aunque la composición básica de un perfume es siempre la misma (alcohol extraído de la destilación de la remolacha, agua y fragancia), existen grandes diferencias entre unos y otros.

No es lo mismo un perfume que incluye flores cultivadas en Grasse (cuna del perfume francés) recolectadas a mano antes del amanecer en el mes de mayo que otro con ingredientes menos selectos. “Piensa que por algunas variedades muy preciadas de rosa, jazmín, violeta, sándalo o neroli se pagan entre 8.000 y 10.000 euros el kilo. Un perfume de 30 euros no puede, evidentemente, contener estas materias primas”, razona Valeros.

Olor “a caro” y olor “a barato”

Además de ser un poderoso fijador de los recuerdos el perfume tiene mucho de psicología. “El perfume sintetiza una aspiración: compras un poquito de lo que deseas. La asociación entre una marca de lujo y su fragancia hace que muchas personas, al comprarlo, sientan que entran a formar parte del universo que ha creado esa firma”, reflexiona el perfumista. Lo que representa la marca es uno de los puentes más importantes que llevan a la compra de un perfume, más allá de las campañas de publicidad, el diseño del frasco y el estuche en que viene presentado. Existe, pues, un estado emocional dentro de “lo bueno”.

“Por otra parte que nos atraigan olores más caros es un tema de educación del gusto por lo bueno. Al igual que hay personas más instruidas en el arte, en la música, el teatro, la gastronomía o el vino, con el perfume pasa lo mismo, es capaz de provocar una sensación de placer. La clase alta está más cerca de esta cultura porque tiene un acceso más directo a estas marcas y productos”, apunta. En definitiva, la atracción por un perfume caro se trata de una respuesta similar a la fascinación que ejercen los logos de las grandes casas de moda (vestir de Zara está bien, pero nunca será como llevar un Loewe) pero tal como explica Valeros, el precio también tiene en la mayoría de los casos una justificación más allá de la declaración de un estatus.

La diferencia técnica entre un perfume de 30 euros y otro de más de 300

Si bien el precio lo determinan las marcas, hay una serie de factores que influyen en esta decisión. Por un lado la poesía con la que nace, por otro, la química que lo hace posible: un perfume es una creación artística, asegura Valeros, quien tiene fijadas en su memoria unos 300 olores, ha trabajado con más de 4.000 y nunca ha empleado menos de doce meses en una de sus fragancias. “No existe una receta, ni un libro donde se explique cómo crear un perfume. Eso sí, un perfume no se puede realizar sin tecnología. El perfumista inventa los acordes, pero necesita la tecnología en métodos de extracción y en destilación para llegar a sofisticadas moléculas de nuevos olores y a una mayor paleta de producción”, cuenta Valeros.

Hoy las grandes marcas de lujo investigan cómo obtener nuevos olores de aromas naturales en función de la destilación. Dicho de una manera: descubrir todas las sombras que podrían salir de una misma rosa. La inversión en investigación y laboratorio de estas casas es altísima, recuerda Valeros, y ello se refleja en el precio final del perfume. Eso sí, los clásicos aún permanecen como base o inspiración de los perfumes actuales: “Es igual que en la música: el pentagrama y los acordes musicales están ahí, pero las canciones de hoy son diferentes. En perfumería pasa un poco igual, la estructura molecular de chipres de hace 200 años sirve de pilar y hay algunos hitos que siguen siendo la base de la parte creativa: Chanel Nº5, creado en 1921, por ser el primero en incorporar los aldehídos (el C12); Origen, el primer bouquet floral de la historia, o Guerlain Mitsouko en 1919, la primera gran fragancia oriental con aldehído C14”.

Además, existen notables diferencias en el precio final fijadas por el vidrio que forma el frasco, el tapón (no es lo mismo el aluminio que el plástico) y el diseño. Lo que sí deberían tener todos en común es la durabilidad: “Cuando se pagan más de 100 euros por un perfume, no puede ser que desaparezca en media hora. Uno espera que le dure al menos un par de horas. La parte de salida de un perfume es lo que uno percibe cuando lo abre, es eso que hará que lo compremos o no, y son las notas medias y de fondo las que persisten: para ello se utilizan materias primas de menor volatilidad, como notas de madera, almizcles o mousses, asegurando que permanezcan en la piel”, explica el perfumista.

Farmacia y supermercado: ¿se puede encontrar un perfume de calidad fuera del lujo?

El que un perfume sea de lujo no es la única manera de dar con uno que sea seguro, agradable y duradero. La nueva colaboración de Zara con la perfumista británica Jo Malone, creadora de la marca que lleva su nombre (que hoy pertenece al grupo Estée Lauder y donde permaneció como directora creativa hasta 2006), es un buen ejemplo. El resultado de esta unión son ocho fragancias unisex que cuentan ocho historias, con precios que oscilan entre los 15,95 y los 25,95 euros. Zara Emotions by Jo Malone CBE ha sido un trabajo de un año entero en el que Malone ha seleccionado sus ingredientes favoritos y ha tomado inspiración en la colección de ropa de la marca, dando lugar a creaciones como Vetiver Pamplemouse, "una fresca camisa blanca de algodón con colonia de cítricos, un accesorio cotidiano para mí” expresa la creadora, a base de pomelo, mandarina y vetiver.

¿Y qué hay de las versiones económicas de perfumes caros? “Se han puesto de moda las copias de perfumes, que se distribuyen en algunas farmacias y supermercados. Esto no solo es un plagio a una creación artística, reproducida de manera bastante tosca normalmente, sino que además las marcas que los producen no aseguran unos estándares seguros para la piel, ni una investigación dermatológica adecuada, con lo que suelen provocar muchos problemas cutáneos y reacciones alérgicas”, concluye Valeros.

Artículo publicado originalmente en enero de 2020

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