9 soluciones a los problemas de sueño más comunes en bebés y niños pequeños

9 soluciones a los problemas de sueño más comunes en bebés y niños pequeños

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Los problemas de sueño de bebés y niños
es una de las mayores preocupaciones de los padres. El descanso es fundamental para el correcto desarrollo de los niños. Pero no influye en los peques, sino que también tiene repercusiones en el estado de ánimo de los padres. Si tu hijo duerme, tú descansas y afrontas el día a día con energía renovada y mucho mejor humor.

Por eso, por el bienestar de tu hijo, pero también por el tuyo propio, es imprescindible buscar soluciones a los problemas de sueño de tu bebé. Y aunque no existe una varita mágica que les haga dormir del tirón, ni todos los problemas con respecto a su descanso nocturno que van a ir surgiendo según crece tienen solución, sí es posible ayudar a tu hijo a tener un sueño reparador en muchas ocasiones con paciencia y muchas dosis de amor.

Y es que al igual que buscas información para saber cómo actuar cuando tu bebé tiene fiebre o quieres informarte sobre el mejor método para quitarle los mocos y las flemas al bebé, buscar soluciones a los problemas de sueño infantil es totalmente normal. No solo es que sea normal, sino que es recomendable, ya que ayudar al bebé al que le cuesta conciliar el sueño, al que no consigue dormir de noche pero sí de día o al que necesita alguien a su lado para descansar repercute tanto en su bienestar como en el de toda la familia.

Aquí te vamos a contar cuáles son los problemas de sueño infantil más habituales en los primeros meses y años de tu hijo. Saber por qué ocurre cada cosa y entender que son problemas totalmente normales y que forman parte del proceso de su crecimiento, te ayudará a estar más tranquila y abordarlo con calma.

Por supuesto, añadimos distintas soluciones a esos problemas para dormir del bebé. Se trata de pautas y recomendaciones que pueden ayudarte con el sueño de tu hijo, pero que has de tener en cuenta que no son una regla universal. Ante todo, piensa siempre que el hecho de que tu hijo necesite tu presencia y tu ayuda para dormirse es normal. Tranquila, llegará un día que tu hijo dormirá solo en su cama, sin ayuda para conciliar el sueño y sin ningún despertar nocturno. Mientras tanto, dale todo el cariño que necesite a pesar de que tu cansancio te puedas jugar a veces malas pasadas.

Poco a poco, con estas pautas para ayudar al bebé a dormir y con tu amor incondicional, el peque irá superando cada etapa, descansando mejor y tu disfrutarás más de la sonrisa de tu bebé. ¡Ánimo, lo estás haciendo muy bien!

En sus primeras semanas de vida, muchos bebés se despiertan varias veces por la noche o les cuesta mucho conciliar el sueño, mientras que por el día duermen a pierna suelta. Es totalmente normal y tiene una explicación clara: como en el vientre materno no existe el día ni la noche, el bebé, al nacer, no distingue entre ellos.

Por lo general, en torno a los 2 meses sus patrones de sueño empezarán a establecer una relación con el ciclo luz-oscuridad y hacia los 3 o 4 meses su cerebro estará lo bastante maduro para adaptarse a ellos, por lo que la situación comenzará a cambiar.

Lo primero es respetar su ritmo natural, él se irá regulando poco a poco. Pero sí puedes poner en práctica algunas pautas para facilitar la adaptación más adelante, cuando esté preparado.

– Por el día lleva su cuna al salón, para que se habitúe a la claridad exterior y a los ruidos habituales de la casa. Por la noche trasládala al dormitorio, que tiene que estar completamente a oscuras y en silencio.

– Procura que las tomas nocturnas sean distintas a las diurnas: dáselas en penumbra y no las alargues. Durante el día dedica a las tomas más tiempo y finalízalas con juegos, arrumacos, canciones… Así irá percatándose de la diferencia entre la noche y el día.

– Introduce un ritual de buenas noches en su jornada, que le marque la diferencia entre la vigilia y el descanso (el baño, la última toma, una nana…). Esta rutina, que debe ser siempre igual, le proporciona seguridad y le facilita la conciliación del sueño. Por eso debes mantenerla, con algunas variaciones a medida que crezca, durante toda su infancia.

Hacia los 4 o 5 meses, muchos bebés lloran unos minutos antes de quedarse profundamente dormidos. Este comportamiento, que en ocasiones dura bastante, se debe a que el llanto es una manera de liberar nervios y tensiones y les ayuda a calmarse y a conciliar el sueño.

Cuando llore permanece a su lado hasta que se calme y se duerma. Si ves que le ayuda que le acaricies o le hables bajito, hazlo. Los bebés se ponen muy nerviosos cuando lloran y no les atienden, y esto les dificulta la conciliación del sueño todavía más.

Durante el embarazo, el bebé se dormía con el suave vaivén de los movimientos de su madre y el sonido de los latidos de su corazón. Una vez que llega al mundo, estar en brazos de mamá o papá y ser mecido le ayuda a rememorar esta agradable situación, por eso muchos bebés solo se duermen así.

Dormirse en brazos no es negativo para tu bebé; al contrario, le hace sentirse querido y protegido.

Si ya tiene varios meses, solo logra dormirse enbrazos y quieres que vaya aprendiendo a conciliar el sueño sin tu ayuda, puedes poner en práctica un plan gradual.

La clave está en hacerlo con mucha tranquilidad, respetando su ritmo y demostrándole que estás ahí cuando te necesita.

– Mécele antes de acostarle, pero empieza a dejarle en la cuna justo antes de que se duerma del todo. Quédate a su lado y si te reclama dale la mano, acaríciale…

– Cuando haya aceptado este paso, en el momento en el que te reclame sustituye ese contacto físico por un contacto verbal: cántale una nana bajita, háblale en susurros…

– Un tiempo después, empieza a salir del dormitorio justo después de acostarle, dejando la puerta abierta. Dedícate a tus tareas, pero vuelve al cuarto cada pocos minutos para ver cómo está. Así, oyéndote y viéndote de vez en cuando, evitarás que se sienta abandonado y acabará conciliando el sueño él solo.

A los 7 meses, muchos bebés han dejado ya la toma nocturna, pero otros siguen reclamándola. La razón es que cada niño sigue su ritmo a la hora de adoptar hábitos de sueño y alimentación. Así pues, es totalmente normal que el bebé siga despertándose más de una vez por la noche.

Lo primero, tomarte la situación con calma: más tarde o más temprano, su organismo se habituará a hacer un sueño más largo por la noche, sin que el niño se despierte para comer.

Algunas pautas para favorecerlo:

– Intenta prolongar su sueño nocturno, retrasando la hora de darle la papilla de cereales que toma por la noche.

– Otra idea: adelanta un poco la papilla de cereales de la cena y, justo antes de dormir, dale una toma de leche.

“Mi bebé, de 9 meses, antes se quedaba dormido sin problemas, pero desde hace unos días llora y se desvela cuando ve que salgo de su dormitorio”, cuenta una madre. Esta situación es muy común porque sobre los nueve meses es la época del miedo a la separación. El pequeño llora porque ya siente que es una persona distinta a ti, pero aún no entiende que sigues existiendo cuando no te ve.

-Es esencial que ahora te note muy cerca y que se sienta apoyado por ti. Si le das seguridad y confianza, irá superando este miedo a la separación.

– Por el día no le obligues a estar en brazos de desconocidos contra su voluntad. Por otro lado, si estáis en casa y vas a un cuarto distinto, deja la puerta abierta y háblale desde el sitio donde estás. Además, juega con él al cucú-trastrás, para enseñarle que aunque no te vea, continúas existiendo.

– Por la noche, cuando le acuestes, explícale lo que va a pasar: “ahora te quedas en la cuna, durmiendo, y mamá se va un ratito en el salón”. Si cuando te has ido te reclama, vuelve a consolarlo y quédate un rato con él.

Entre los 18 y los 36 meses, a los niños les cuesta mucho separarse de sus padres, quedarse solos, enfrentarse a la oscuridad, pasar de la actividad al reposo (sobre todo si es un niño muy nervioso o sensible), aguantar las ganas de seguir jugando… Por eso, si tu hijo se levanta una y otra vez de la cama y sale al salón, o pide un vaso de agua no debes extrañarte.

– Explícale que hay una hora fija para irse a la cama. A pesar de sus protestas, esto hará que se sienta querido y protegido, lo que favorecerá su sueño.

– También le vendrá genial que al caer la tarde inicies una rutina a base de actividades tranquilas que le marquen el paso del día a la noche y le ayuden a relajarse: leer cuentos, mirar fotos…

– Dale un vaso de leche: tiene triptófano, una sustancia natural que induce al sueño.

– Deja la puerta de su habitación abierta y la luz del pasillo encendida, para que se sienta menos aislado. Y déjale un objeto que le haga compañía, como un peluche.

Idead un plan entre tú y papá y seguidlo a rajatabla. Por ejemplo: no puede levantarse de la cama más de una vez. A la siguiente intentona te quedarás con él, a su lado, haciendo algo relajado. Cuando te canses será el turno del padre. Así irá acostumbrándose a que una vez acostado tiene que seguir en la cama, pero lo hará de forma tranquila y relajada.

“Mi hijo, de 24 meses, se despierta muy a menudo por la noche. Le consuelo y se duerme de nuevo… hasta que poco después vuelve a despertarse”, comenta un padre. Es un caso muy habitual.

Ocurre porque a esta edad el niño vive multitud de experiencias que aún no es capaz de asimilar, y esto le hace tener un sueño intranquilo, a veces acompañado de miedos. A esto se une que aún no distingue entre la realidad y lo soñado.

– Procura que las últimas horas del día sean tranquilas. Evita los juegos bruscos y anima a tu hijo a hacer dibujos, a modelar con plastilina…

Acude a su dormitorio en cuanto se despierte; sus nervios le impiden volver a dormirse solo.

-Puede ser buena idea que durante unos días dejéis que duerma en vuestro cuarto, para que se sienta acompañado y no tenga miedo. Una vez que vuelva a dormir mejor, llevadle de nuevo a su dormitorio, celebrando el paso como un auténtico triunfo.

Las pesadillas son muy habituales entre los 2 y los 4 años. Son una válvula de escape para el niño que expresa así sus miedos e inseguridades.

-Consuela a tu hijo diciéndole algo como “ya pasó, ya pasó”, dale un poco de agua o de leche tibia y quédate con él hasta que se vuelva a dormir.

– Al día siguiente, pídele que te hable de esa pesadilla que tanto le asusta y anímale a hacer un dibujo sobre ella. Acto seguido, sugiérele que cambie el final de su sueño por otro más agradable.

– Leerle cuentos sobre el tema también le ayudará mucho.

Hacia los 3 años es normal que en plena noche el niño empiece a gritar aterrorizado y que si la madre o el padre van a su lado comprueben que tiene los ojos muy abiertos, pero no los ve.

Son los terrores nocturnos, uno de los problemas de sueño infantil más llamativo. A diferencia de las pesadillas, los terrores nocturnos se producen en la fase más profunda del sueño, por eso el niño no acaba de despertarse.

No le despiertes, quédate con él y observa cómo transcurre la situación por si tienes que evitar que se haga daño.

No le abraces si te rechaza. Por el contrario, hazlo con fuerza si ves que eso le tranquiliza.

– Intenta mantener la calma: aunque tenga aspecto de estar aterrado, no hay peligro de que le pase nada.

– En adelante, procura que tu hijo tenga momentos de tranquilidad a lo largo del día y evita que llegue exhausto a la cama. El agotamiento, la sobreexcitación y las tensiones favorecen la aparición de estos terrores.

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