De la pasarela de Dior a Netflix, sabemos por qué los millennials y la generación Z se han obsesionado con el tarot

De la pasarela de Dior a Netflix, sabemos por qué los millennials y la generación Z se han obsesionado con el tarot

La irrupción del tarot como territorio inspirador para la creación tiene ya algunos años, aunque sea ahora cuando la insistencia nos lleva a averiguar qué tipo de magia tiene esta antigua ‘mancia’, que no deja de renovar su influencia. Sin duda, han sido los millennials la que ha revitalizado el interés de las nuevas generaciones por todas esas viejas artes de adivinación que permiten, por el breve tiempo de una lectura o una consulta, disfrutar del placer que produce sentir que controlamos nuestro futuro. Sin embargo, no podemos reducir el boom por la astrología, las piedras o el tarot a un mero fenómeno compensatorio. En la insistente aparición del tarot existe algo más.

A veces no hay que rebuscar demasiado en los libros ni desentrañar indicios o acertijos para averiguar qué puede hacer emerger un fenómeno cultural como el del tarot. Basta acudir a uno de los espacios donde las explicaciones se manifestan de manera natural: la moda. Maria Grazia Chiuri, directora creativa de Dior, es una de las influyentes de la pasarela que más ha recurrido a los arquetipos del tarot como motivo emotivo y estético. Tiene sentido, pues sus colecciones representan la feminidad máxima y todo lo oculto, misterioso y encriptado se ha identificado siempre con lo femenino. Para el clásico ideario del binarismo del género, las mujeres son indescifrables pero solo a ellas compete la misión de descifrar.

En ‘El castillo del tarot’, el vídeo con el que presenta su colección de alta costura para la primavera-verano 2021, inspirada en el tarot italiano Viscontee (el más antiguo del mundo, de mediados del XV), podemos encontrar la razón por la que este viejo juego de cartas se ha convertido en el mejor confidente de las nuevas generaciones. El motivo se aclara en los segundos iniciales de la película, dirigida por Matteo Garrone. En la primera escena vemos a la protagonista sentada frente a una tarotista. Esta la pregunta: “¿Qué quieres saber?”. La respuesta nos dice todo lo que necesitamos saber sobre el insumergible ‘allure’ del tarot: “¿Quién soy?”, dice la joven, que lleva una boina mágicamente tocada por una red. “Elige una carta”, contesta la tarotista. “La Sacerdotisa”.

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Efectivamente: para las nuevas aficionadas al arte del tarot, la adivinación ha dejado paso al autoconocimiento, la autocomplacencia o, directamente, el narcisismo. Estamos ante otro ‘selfie’, una especie de retrato de interior. En realidad, una utilización sabia de cualquier mazo puede convertir al tarot en una herramienta valiosa para la reflexión, sobre todo cuando la conversación que debemos tener con nosotras mismas no termina de iniciarse. Una tirada de tarot puede llevarnos a enfocar asuntos que jamás saldrían a relucir de manera natural (consciente) o llevar nuestra mente a un estado de ánimo donde podamos tomar el control y no dejarnos llevar por emociones reactivas o negativas. La ‘taromante’ argentina Victoria Arderius denomina al tarot “máquina de pensar” y cada vez son más las ‘coach’ que lo utilizan en sus sesiones.

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Hoy el tarot ya no se propone adivinar nada, aunque las lecturas en este sentido se ofrezcan a audiencias millonarias en YouTube y las aficionadas a leer las cartas pretendan hacerse una clientela con el cebo fácil de lecturas gratis. Lo que nos permite hoy el tarot es abrirnos al poder de las historias. Somos los que somos también gracias a la historia que nos contamos sobre nosotros mismos y el tarot, bien utilizado, es una herramienta poderosísima para darle un giro de guión. Por eso conviene elegir cuidadosamente quién nos lee las cartas, si de verdad estamos dispuestos a hablar con ellas. Mejor que sea alguien guiado por la bondad.

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