‘Días de Navidad’: Victoria Abril, Verónica Forqué y Elena Anaya, en la nueva serie de Netflix

‘Días de Navidad’: Victoria Abril, Verónica Forqué y Elena Anaya, en la nueva serie de Netflix

Había una vez cuatro hermanas pequeñas que vivían felices en una bonita casa en mitad del bosque. Hasta que una mañana de Navidad, un hecho inesperado marcó sus vidas para siempre. Así arranca Días de Navidad (estreno, 6 de diciembre), la miniserie de Netflix creada por Pau Freixas que ha conseguido reunir a ocho grandes actrices que ya forman parte de la historia de la ficción española: Charo López, Ángela Molina, Verónica Forqué, Victoria Abril, Elena Anaya, Nerea Barros, Verónica Echegui y Anna Moliner. A lo largo de tres episodios, encarnan a estas hermanas de un cuento que se va transformando en tragicomedia durante la madurez y la edad adulta. “Las jóvenes y las viejas”, dice Victoria Abril con espontaneidad.

En la vida real, los caminos de las ocho se han cruzado muchas veces a lo largo de los años y, como si esta sesión de fotos fuera una comida navideña, se llena de anécdotas. Como el debut en la interpretación de una Verónica Echegui veinteañera en la obra de teatro Infierno, donde coincidió con Charo López. “Qué traviesa eras”, le comenta la veterana con una sonrisa. O la participación de Elena Anaya en un disco de Victoria Abril, gracias a la amistad que conservan desde que trabajaron juntas en Sin noticias de Dios, de Agustín Díaz Yanes. “¡Me convenció para que le hiciera los jaleos en una bulería! La admiro muchísimo y nos vemos cuando voy a París”, cuenta Anaya. Otras, como Nerea Barros o Anna Moliner, no acaban de creerse que den vida a las versiones juveniles de los personajes de Ángela Molina y Verónica Forqué. “En los ensayos miraba a Ángela, me pellizcaba y pensaba: “No olvides nunca este momento porque es único””, reconoce Nerea Barros.

Y todas coinciden en que Pau Freixas, que las fue convenciendo una a una para que se unieran al proyecto, ha sido como un Rey Mago que les ha traído el mejor de los regalos. “Desde el primer día, hemos formado una gran familia, un tesoro que conservo para siempre. Con las actrices de mi generación, creamos un grupo de WhatsApp, que bautizamos Sisters, y nos vamos contando cómo nos van las cosas”, explica Anna Moliner. “Disfruté muchísimo del rodaje, no lo padecí como me ocurre otras veces -añade Elena-. Nos ayudamos las unas a las otras con una generosidad increíble. Fíjate que podríamos habernos visto como rivales o estar celosas, inseguras… pero fue todo lo contrario”.

Familias explosivas

Pocas situaciones dan tanto juego cinematográfico como una familia aparentemente perfecta que salta por los aires durante una celebración. Y mucho de eso hay en Días de Navidad, donde casi todos llevan una careta tras la que ocultan secretos y mentiras. “La gente se va a identificar con la serie, porque el núcleo familiar es un ecosistema muy particular en el que todos escondemos cosas y no nos comportamos como lo hacemos con amigos o compañeros de trabajo. Yo con mi familia he atravesado momentos difíciles, sobre todo durante la adolescencia, que fue horrible, pero ahora nos llevamos muy bien porque nos lo hemos trabajado”, afirma Verónica Echegui, que tiene un hermano y una hermana que ya le han hecho tía, pero que siguen siendo sus “pequeños”.

Charo López cree que “la vida es tan larga que hay tiempo para muchas subidas y bajadas en una relación fraternal” y Nerea Barros afirma que la familia, “germen de todo lo que viene después, es amor incondicional pero también una bomba de relojería”.

Anna Moliner es hermana de Núria Moliner, arquitecta, músico y presentadora del programa de La 2 Escala humana, y Elena Anaya lo es de la artista plástica Marina Anaya. Y ambas coinciden en lo orgullosas que están de ellas. “Quiero muchísimo a mi hermana, es lo mejor que me ha pasado en la vida”, dice Elena. “Mi hermana es una crack -cuenta, por su parte, Anna-. Nació cuando yo tenía ocho años y ya creía que iba ser hija única, así que me hizo la niña más feliz del mundo”.

¿Cambio de rumbo?

Encontrarse con una historia protagonizada por mujeres con personalidades, conflictos y edades distintos no es habitual. ¿O tal vez vivimos un momento histórico en el que puede empezar a serlo? Estas ocho actrices se mueven entre el escepticismo y la esperanza. “A los 40 años, eres demasiado joven para ser la esposa del protagonista y demasiado mayor para ser su querida -dice Victoria Abril para resumir por qué a esa edad decidió dejar de lado la interpretación-. Entonces había poco trabajo y malo; solo te ofrecían ser una bruja o una agriada. Yo me lancé a cantar, una espina que tenía clavada desde la década de los 70, y disfruté de los mejores años de mi vida. El público en directo es el mejor amante que te puedes echar a la cara”.

Envejecer es difícil. Si eres mujer, más y si eres actriz, aún más”, dice Verónica Forqué, que, como sus compañeras, mira con recelo la celebrada mayor presencia femenina en la ficción. “Siempre ha sido complicado y sigue igual”, coincide Charo López. Aunque todas se consideran unas privilegiadas por estar inmersas en varios proyectos: “Yo ahora disfruto del trabajo aún más, porque me voy encontrando con lugares míos que desconocía”, afirma Ángela.

Las jóvenes, aunque optimistas, reivindican no solo ser más visibles sino más interesantes. “Empieza a haber más mujeres, pero eso no quiere decir que los personajes sean más ricos. Muchas veces son prototipos y reducen nuestros intereses al mundo del romanticismo”, argumenta Echegui. Por eso -y “por respeto al público”, dice-, Anaya pelea porque los papeles que interpreta “aporten algo a la historia y no sean un simple aliño”. Para Moliner, Días de Navidad, además de ser una bonita historia escrita en femenino, es un homenaje a un cuarteto de actrices veteranas que sirve de inspiración para las de su generación. “Me emociona que se les dé el lugar que se merecen -dice-. Yo sueño con llegar a ser como ellas, con su edad y su experiencia. No quiero que este oficio sea pasajero, algo que solo dure mientras sea joven y tenga buen tipo”.

Nerea Barros: “En Navidad, mis padres nos dejaban cartas para animarnos a ayudar”

Las Navidades no me gustan, pero de pequeña las vivía con ilusión. Mis padres nos hacían regalos y nos dejaban cartas en las que nos animaban a ayudar a los demás”, recuerda Nerea Barros. Tal vez ahí esté el origen del sinuoso camino que la actriz ha recorrido para llegar hasta aquí. Porque, aunque debutó en el cine de adolescente, se decantó por su vocación de enfermera hasta que, en la treintena, la interpretación pudo más. Ganar el Goya por La isla mínima le acabó dando la razón.

Ángela Molina: “Me ha sentado bien trabajar con mi hija, es muy fuerte y cañera”.

Cuando eres miembro de un gran clan y has formado el tuyo propio, preguntar si en su casa se disfruta de la Navidad parece que sobra. “Me encanta juntarme con toda la familia, pero somos tantos que es muy complicado”, afirma. Este año podrá celebrar que, por primera vez, va a trabajar junto a su hija Olivia Molina en La valla, una serie distópica en la que hacen de madre e hija. “Me ha sentado muy bien porque ella es muy fuerte y muy cañera”, dice. Pero antes tendrá que hacer las maletas para rodar en Paraguay.

Victoria Abril: “Me guío por la pasión y no hago trabajos alimenticios”.

Sigue siendo una fuerza de la naturaleza. “La única manera de aguantar 45 años trabajando es no tomar al público por imbécil. Me guío por la pasión y no hago trabajos alimenticios”, afirma. Se queja de que los actores jóvenes miren a la cámara como si se hicieran un selfie, pero confiesa que, tras 30 años instalada en Francia, aprovecha cualquier oportunidad para volver a España. “Odio la Navidad; desde que descubres que los Reyes son los padres, se acabó. Así que huyo del frío y me escapo a Málaga”, dice.

Verónica Echegui: “Siempre he sido muy nómada, ahora quiero quedarme en madrid”.

Nunca ha dejado de llevar dentro esa Juani que quería comerse el mundo, pero con el paso del tiempo le pide otras cosas a la vida. “He trabajado fuera, pero llevo un tiempo poniendo mi energía en España. Siempre he sido muy nómada, pero me apetecía estabilizarme en el hogar que he creado en Madrid”, explica. Lo que no quiere decir que deje de ponerse retos, como aprender a cantar para rodar la comedia musical Explota explota, con los grandes éxitos de Raffaella Carrá como banda sonora.

Charo López: “¡Es tan difícil decir que no a un proyecto que te gusta!”.

a las órdenes de Juanma Bajo Ulloa. “Cuando decidí retirarme, pensé que iba a tener tiempo para descansar… pero he seguido trabajando casi sin darme cuenta. ¡Es tan difícil decir que no a un proyecto que te gusta!”. Y siempre dando vida a personajes que son una prolongación de su personalidad. “Me asocian con el tipo de mujer que soy en realidad: fuerte, independiente y libre”, explica.

Elena Anaya: “Cuando me despido de mi hijo para in a un rodaje, me muero”.

Nunca había interpretado a un disfrutona como Esther y he hecho una composición muy loca… ¡No sé si será la última de mi carrera!”, afirma Elena Anaya riéndose. Una opción poco probable, teniendo en cuenta que su trayectoria internacional va viento en popa. Sin ir más lejos, en 2020 la veremos en la nueva de Woody Allen. “Tengo más propuestas de fuera que de aquí. Y la verdad es que, cuando me voy tres semanas y mi hijo me dice que se viene conmigo, quiero morirme, pero hay que ganarse la vida”, dice.

Verónica Forqué: “Ya no participo en grandes proyectos, pero me da igual, no paro”.

Reina de la comedia, chica Almodóvar, ganadora de cuatro premios Goya (que nunca recogió)… Verónica Forqué siempre ha sido un espíritu libre. “Quizá ya no participo en grandes proyectos, pero me da igual porque no paro”, afirma. Es madre de una veinteañera, María -“Un sol, aunque en la adolescencia pensé: “¿Se quedará así?”, – con la que le gusta escaparse lejos en Navidad. “En mi infancia lo pasaba genial, pero desde que perdí a mis padres y a mi hermano todo cambió”, reconoce.

Anna Moliner: “Adoro las películas con las que te emocionas y das valor a la familia”.

Trabajar en Días de Navidad es un sueño hecho realidad, porque adoro las películas con las que te emocionas y das valor a la familia”, afirma Anna Moliner, a la que también hemos visto en La catedral del Mar. Supo que quería ser actriz desde que, con tres años, vio La historia interminable pero, antes de plantarse ante sus padres, se licenció en Comunicación Audiovisual. “Cantar también es mi pasión, pero me di cuenta de que, si no espabilaba, iba a convertirme en una actriz de musicales y tampoco quería encasillarme”, cuenta.

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