¿El orden de Marie Kondo nos hace más felices o aumenta nuestra ansiedad?

¿El orden de Marie Kondo nos hace más felices o aumenta nuestra ansiedad?

El confinamiento y el teletrabajo nos han enfrentado cara a cara con los males de nuestros hogares, y el orden se ha erigido como el superhéroe destinado a calmarnos. No solo se trata de conseguir una casa organizada, sino una armonía cuya finalidad persigue más los aplausos virtuales que la funcionalidad. Como reacción una superwoman del orden, Marie Kondo, nacen los cleaninfluencers, que presumen de hogares impolutos y de vídeos con millones de visualizaciones donde exponen sus trucos para ordenar. Frutos secos organizados como si fueran ábacos para foodies y libros colocados por colores, una tendencia que el curador de libros de Gwyenth Patrow, Thatcher Wine, ha puesto de moda, forman parte en Instagram de la nueva normalidad del orden extremo. “Una parte del placer que da el orden tiene que ver con la estética, el equilibrio y la armonía que hay en algo perfectamente colocado. Como en el arte, proporciona placer y una calma visual”, explica Nieves Álvarez, psicóloga especialista en trastornos de la personalidad.

Es fácil que un gesto que alimenta tantas necesidades se vuelva tan adictivo”.

Nieves Álvarez, psicóloga

La era coronavirus rinde tributo a la organización, pero ¿realmente el orden nos hace mejores? “El orden es clave, porque nos da lo único que no podemos comprar: tiempo. Menos cosas en casa significa menos tiempo en recoger, en buscar cosas perdidas y en enfadarnos”, asegura la organizadora profesional María Gallay, que no está de acuerdo con la tiranía de las casas perfectas que se impone en las redes. “El punto fundamental es lograr que nuestra casa trabaje para nosotros, dejar de ser esclavos de las cosas”, matiza. La psicóloga Nieves Álvarez coincide: “Hemos idealizado la realidad y, a través de redes y otros medios, presentamos la vida ideal, sin darnos cuenta de que en realidad es una película de ciencia ficción. No queremos hacernos conscientes de que los humanos somos imperfectos por naturaleza, y no pasa nada por serlo”, señala.

Los espacios de nuestras casas no han de ser por escenarios simétricos salidos de la mente de Wes Anderson, sino lugares líquidos y adaptables en cada momento a la actividad que se desarrolle. El ranking de ventas de IKEA desde el confinamiento, en el que destacan armarios, librerías y productos para organizar el espacio, indica que el orden cobra especial relevancia al permitir una racionalización y optimización del espacio disponible. “Además de ganar centímetros cuadrados en nuestras casas, nos permite acceder mejor a los objetos en cada momento y crear un ambiente que mejora la convivencia entre los miembros de la familia”, indica María Lizarraga, interiorista del titán sueco.

El orden nos da lo único que no podemos comprar: tiempo”.

María Gallay, organizadora profesional

Cuando el mundo estaba en pausa y los negocios echaban el cierre a causa de la pandemia, en junio la compañía de organización The Home Edit ampliaba su radio de acción a 11 nuevas ciudades. Un mes después lanzaba sus propios productos para organizar los hogares de sus seguidores. Hablamos de la empresa de Clea Shearer y Joanna Teplin, dos organizadoras profesionales cuyo éxito se gestó en Instagram y que ahora ordenan las casas de celebridades de la talla de Reese Witherspoon y Eva Longoria. Su reality The Home Edit (Netflix) acrecienta el furor por un orden que no todos aplauden. Eric Abrahamson y David H. Freedman demostraron en Elogio al desorden que, en muchas ocasiones, organizar no resulta rentable y puede incluso mermar la creatividad. “Si un escritorio abarrotado es síntoma de una mente abarrotada, ¿de qué es síntoma, entonces, un escritorio vacío?”, se preguntó en su día Albert Einstein.

Pese a todo, incluso los más desordenados coincidirán en que mantener el orden en el hogar se ha convertido en la única forma de dominar una realidad incontrolable. “El orden provoca un cambio radical en las personas que lo habían perdido. Lo vemos cada día y sinceramente, es por ver la cara de nuestros clientes cuando acabamos un proyecto, por lo que merece la pena el esfuerzo. No solo refleja satisfacción, sino que genera en ellos un cambio de actitud enfocado en mantenerlo. Y lo consiguen”, explica Arantza Olasagarre, presidenta de la Asociación de Organizadores Profesionales de España. “Este poder hace que las personas recuperen la armonía, la tranquilidad interior, el sosiego y la calma. Consigue que un hogar se convierta realmente en un refugio, que proporcione la serenidad que necesitamos. Hace que un entorno laboral crispado y poco funcional se convierta en productividad, eficacia, optimización de recursos, ahorro de costes y mejora de las relaciones interpersonales”, concluye.

Mientras que los espacios digitales son cada vez más caóticos –por lo que los templos del orden en Instagram y las purgas puntuales de emails y de contactos en redes funcionan como analgésico–, el problema de intentar organizar nuestro hogar y nuestros espacios virtuales para acallar los problemas reales radica en que ese orden no sirve para controlar lo que acontece fuera de nuestra fantasía KonMari. “El orden proporciona sensación de seguridad: todo está en su sitio, todo está bien, yo estoy bien… Es fácil entender que un gesto que alimenta tantas necesidades se vuelva adictivo –comenta Nieves Álvarez–. Se supone que ordenamos las cosas para tenerlas más a mano y que ocupen menos espacio. Si no es así, tenemos que entender que lo que hay que trabajar está en el psicólogo y no en una coach del orden”, advierte.

Por más que psicológicamente el cerebro tenga siempre que rellenar huecos para dotar de sentido a las historias, la segunda ley de la termodinámica señala que la tendencia natural de las cosas es perder el orden. Tan solo el esfuerzo será entonces el superpoder capaz de recuperarlo, y es aquí donde hay que lograr que ni la energía ni el tiempo dedicados sean excesivos. Un armario organizado otorga sosiego visual y alabanzas en las redes, pero de nada sirve si los archivadores mentales de nuestra cabeza no sirven para contener la frustración, la ansiedad y los miedos.

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