Goya 2021: el año en que la espontaneidad se coló en la gala

Goya 2021: el año en que la espontaneidad se coló en la gala

La gala de los Goya más extraña que hemos visto será recordada, entre otras cosas, por la espontaneidad que ha impregnado todo el evento. Las medidas sanitarias impuestas debido a la pandemia del Covid-19 han dejado un patio de butacas vacío, gracias a lo cual no ha habido la tradicional polémica sobre si pinchar o no el sonido ambiente durante el in memoriam, evidenciando así la disparidad de aplausos a unos y otros.

Sólo unos pocos, los presentadores y entregadores, han acudido físicamente allí. Los nominados han estado presentes vía telemática, la mayoría de ellos en el escenario más natural que pueda existir: sus casas. Una extensión de eso a los que nos hemos acostumbrado todos a lo largo de este último año, lleno de videollamadas y de cañas virtuales que hace tiempo que deseamos que sean reales. En la gala de los Goya, eso nos ha permitido colarnos en su ambiente más íntimo y traspasar, al menos por una vez, el halo de glamouroso divismo que suele rodear a estas estrellas. Las hemos percibido más humanas, más cercanas que nunca.

No sólo ha ocurrido con las figuras de nuestro país, también con las internacionales que (gracias a la labor de Antonio Banderas y a la que, a la vista del resultado, es una de las mejores agendas del mundo) han ido salpicando la retransmisión con sus saludos y buenos deseos al cine español, de Monica Bellucci a Sylvester Stallone (o Tom Cruise y Robert DeNiro, los únicos no hispanohablantes que han mandado sus mensaje íntegramente en castellano) . “I love your cinema, I love your culture, I love your language”, exclamaba Laura Dern con una emoción in crescendo desde su sofá en California. Por no hablar de Al Pacino comenzando su mensaje presentándose, por si alguien no lo conocía.

Barbra Streisand mandando un audio de Whatsapp; Nerea Torrijos (ganadora del Goya al mejor diseño de vestuario por Akelarre) preguntando en voz alta “¿Hablo ya?”; la hija de Salvador Calvo (Goya a la mejor dirección por Adú) junto a su pareja, Juan Luis Arcos; Mario Casas (Goya a mejor actor) con la cabeza de Ironman haciendo de estatuilla; Rozalén llorando mientras se colaba el sonido de otra parte; Adam Nourou con unos fresquísimos 18 años saltando literalmente de alegría en su salón tras haberse hecho con el premio a actor revelación por Adú; Carmen Machi chillando de alegría junto a Carolina Yuste en casa de Nathalie Poza (Goya a mejor actriz de reparto por La boda de rosa)… La gala ha contado con algunos de los momentos más espontáneos que se recuerdan. Nos ha brindado la oportunidad de colar nuestra mirada durante un instante en sus casas, como si guiñásemos un ojo por los picaportes de sus puertas. Una oda al voyeurismo bien.

Por si fuera poco, la gala ha contado con el que probablemente haya sido su mejor ritmo jamás registrado. Rápida, sin ganadores sacando una lista interminable con la que agradecer hasta a la vecina del quinto, sin una orquesta obligada a cortar discursos… ¿Extraña? Por supuesto. Pero qué no lo es en 2021.




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