La vida ‘en cautividad’ de Britney Spears: sin control sobre su dinero y bajo tutela

La vida ‘en cautividad’ de Britney Spears: sin control sobre su dinero y bajo tutela

A principios de este año y con relación a la pandemia, la frase “If Britney survived 2007, you can handle today” (“Si Britney sobrevivió a 2007, tú puedes aguantar hoy”) se volvió a viralizar en las redes sociales. Lo que hoy tratamos con humor en su día fue uno de los momentos más críticos de la artista. El descenso a los infiernos del icono pop más representativo de los noventa, la encarnación del ‘juguete roto’ más cruel y, con el tiempo, también un punto de inflexión.

Tras muchos años de litigios, la diva del pop vuelve a la carga por la lucha de la liberación de sus derechos. La cantante no tiene acceso a sus cuentas ni tiene potestad para decidir sobre su vida pues está bajo la custodia legal de su administradora y de su padre. Paseamos sobre su vida para entender qué llevó a Britney Spears a esa situación y cómo el movimiento #FreeBritney ha salido en su defensa.

Sus cándidos inicios

La cantante Britney Spears, como cualquier ejemplo de niño vapuleado por la fama prematura, comenzó a trabajar siendo muy joven. Desde los tres años, la artista acudía a clases de baile, de interpretación y de danza. Con ocho años, se mudó con su madre y su hermana Jamie Lynn a un apartamento subarrendado en Nueva York. La idea era dar a conocer a la niña Spears en el mundo del espectáculo.

En una audición conoció a la mánager Nancy Carson, quien se la llevó de gira por todas los castings conocidos. Incluso, apareció en varios concursos de televisión. El más popular fue Star Search, una especie de La Voz presentada por Ed McMahon en la que también participaron, siendo niños, Beyoncé, Christina Aguilera, Alanis Morrisette y Justin Timberlake (quien años después le rompería el corazón).

En 1992, con 11 años, el programa infantil de Disney The Mickey Mouse Clubla contrató como presentadora y cantante. Allí coindiría de nuevo con Aguilera y Timberlake. Según su fans, Disney alteró su voz para que no se pareciese tanto a la de la cantante de Candyman. Una decisión que tuvo que mantener de por vida. Aunque en innumerables entrevistas Spears ha reconocido que “adoraba ese mundo” también ha apuntado que “era una niña y no fue hasta la adolescencia que fue consciente de todo lo que implicaba”. Spears se dejaba llevar por su mánager, por su madre y por la marea que celebraba su voz.

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Fue una canción de Whitney Houston la que cambió definitivamente la trayectoria de la princesa del pop. En 1997, Spears llamó la atención de las discográficas interpretando con la canción I Have Nothing” Muchos la rechazaron porque “el mundo del pop ya debía darse por satisfecho con la existencia de las Spice Girls y los Back Street Boys y no querían crear otra Madonna”. Aunque no todos los peces gordos del espectáculo pasaron por alto el talento de la joven. “Es muy raro escuchar a alguien de tan corta edad con tanto que ofrecer. Tanto emocionalmente como con atractivo comercial”, explicó en una entrevista el vicepresidente senior de A&R, Jeff Fenster.

La de Misisipi firmó su primer album con la compañía discográfica, a la vez que sellaba su propia condena. El mundo la conoció en 1999 con 17 años recién cumplidos, coletas y vestida de colegiala. Una belleza rubia que meneaba el ombligo y cantaba con una voz aguda y potente. Tres discos después (Oops!… I Did It Again, Britney e In the Zone), un acuerdo multimillonario con Pepsi, varios libros co-escritos junto a su madre y una película (Crossroads, 2002), la cantante se había convertido en la gallina de los huevos de oro. Forbes la incluyó en su lista de 2002 como la celebridad más poderosa del mundo.

Un funeral (profesional) y dos bodas

Poco tiempo después comenzó la polémica. No tanto por el calificado como el momento más sexy de la música –el inmortal beso con Madonna y Christina Aguilera, si no por sus devaneos sentimentales y sus coqueteos con las drogas y el alcohol. En 2004, se casa con su amigo del instituto Jason Alexander en Las Vegas. Tras 55 horas de matrimonio, y sin firmar ningún acuerdo prenupcial, el matrimonio finaliza como un drama y un jugoso cheque para su recién exmarido. Los representantes de Spears alegaron que la artista “carecía de comprensión sobre sus actos”. Primera bala para su integridad y su salud mental.

En octubre de ese mismo año, vuelve a contraer matrimonio. El protagonista esta vez era Kevin Federline, un bailarín que en el momento de empezar a salir con Britney dejaba atrás una novia embarazada. En 2005, tiene a su primer hijo, Jayden, y en menos de un año, un segundo bebé, Sean. En 2006 se produce un momento crucial para entender el declive de la artista: es fotografiada conduciendo con su bebé en el regazo. Los paparazzis y los servicios sociales se vuelven locos y la persiguen día y noche.

Tras otras incontables polémicas protagonizados por la intérprete, entre las que se encontraban una fiesta de dudosa salubridad con las divas Paris Hilton y Lindsay Lohan, entra en un centro de rehabilitación en 2007. Justin Timberlake, quien fue su pareja y la acusó de haberle sido infiel, se rio de ella en un concierto, entonando en tono burlón el estribillo de Rehab, de Amy Winehouse.

Este año fue también un año difícil para el resto de los Spears. Su hermana, Jamie Lynn Spears, se había quedado embarazada con 16 años del actor Casey Aldridge. Por entonces la joven protagonizaba una existosa serie de Nickelodeon , Zoey 101, que le había apartado de la sombra de su hermana mayor. Fue despedida en el momento de anunciar su embarazo. Aunque la cadena alegó que “era por el bienestar de la madre y su hijo”, lo cierto es que los medios advirtieron a Nickelodeon que si ella continuaba su papel, estarían glorificando el embarazado adolescente.

La salud mental de Britney llega a su fin

Las hermanas Spears estaban sumidas en la confusión. El mundo que había aplaudido sus éxitos ahora les daba la espalda. Y la cantante no parecía conforme con esta postura. Se sentía llena de rabia y desorientada. Al día siguiente de su ingreso, entró en una peluquería y, con la mirada perdida en el infinito, se rapó la cabeza. La presión de los medios y los paparazzis aumentó. La leyenda del pop "se había vuelto loca" y eso era carnaza fresca para los tabloides.

La joven pedía una y otra vez que parasen y que le dejasen recuperarse tranquila. Días después de cortarse la melena, aún calva y armada con un paragüas, la actriz arrementió contra uno de los fotógrafos. Es cuando entra en acción su padre, Jamie Spears. Britney pierde la custodia de sus hijos. En 2008, su padre toma su tutela legal. El tribunal señaló que la intérprete "no estaba en condiciones mentales de tomar sus propias decisiones".

Ese mismo año, durante una visita a sus hijos, la cantante se niega a devolverlos a sus respectivos padres. La polícía considera que está bajo los efectos de una sustancia ilegal y la ingresan en un hospital psiquiátrico (en contra de su voluntad). El juez también apunta que quedará en la tutela permanente de su padre y su abogado. Éstos tendrían acceso total a su fortuna y propiedades.

.#FreeBritney y la lucha por sus derechos

Con los años, Spears ha demostrado su mejoría. Ha participado en series, lanzado otros discos, actuado en grandes escenarios y divertido en redes sociales. Hoy vivimos una Britney renovada, consciente de sus errores del pasado y deseosa de retomar su vida. Su Instagram está plagado de coreografías creadas por ella misma, ejercicios de tonificación junto a su novio, Sam Asghari, y de challenges con sus pequeños. Pero aún le queda un obstáculo:la figura de su padre sobre sus derechos y posesiones. Aunque en 2019 renunció a su tutela por presuntos malos tratos a uno de sus nietos, Spears no se liberó del yugo. Su custodia pasó a manos de Jodi Montgomery, su administradora.

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Britney Spears no tiene libertad para gestionar sus propias finanzas. Tampoco para conducir un coche, dar un paseo, casarse, tener hijos o controlar su carrera sin la autorización de su tutora legal o de sus padres. Básicamente, lleva 12 años recluida en su casa a expensas de la aprobación de sus padres para tomar decisiones. Según los datos recabados por sus fans, la artista paga 1,1 millones de dólares en gastos de tutela, incluyendo el sueldo de 100.000 dólares de su padre y otra gran suma a un abogado que no ha elegido ella. Spears solo recibe una pensión de 1.500 dólares a la semana para sus gastos personales.

El movimiento #FreeBritney surgió en 2019, cuando los humoristas Tess Barker y Barbara Gray comentaron preocupados la situación de la cantante en un podcast. A ellos se han sumado las voces de otras personalidades de la farándula como Miley Cyrus, Paris Hilton, Cher o su propia madre, Lynne Spears, divorciada actualmente de Jamie Spears. A día de hoy, el movimiento ha tomado aún si cabe más relevancia dada la próxima fecha del juicio. Un movimiento de los amantes de sus canciones que buscan devolverle a la diva de 38 años su propia voz.

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