Cómo el uniforme escolar ha influido en la moda: de la simbología del color negro de Chanel a las sudaderas de Balenciaga

Cómo el uniforme escolar ha influido en la moda: de la simbología del color negro de Chanel a las sudaderas de Balenciaga

Era 1850, más o menos, cuando el equipo de remo de la Universidad de Cambridge empezó a llevar sus distintivas chaquetas de color “rojo blazer” fuera de entrenamientos y competiciones, haciendo que “blazer” dejara de ser un adjetivo para significar un tipo de chaqueta pero también un signo de estatus, de pertenencia y de camaradería que perdura más de un siglo después. Unas décadas más tarde, una joven francesa ingresó en el orfanato francés de Aubazine tras la muerte de su madre. Allí aprendió las labores femeninas propias de la época (coser, bordar y planchar) y aunque aborrecía el lugar, lo que vio allí cambiaría el rumbo de la moda para siempre. Aquella niña era Gabrielle Chanel y el sobrio hábito de color negro rematado con puños y cuellos en un blanco inmaculado que llevaban las monjas que le cuidaban marcó definitivamente la estética con la que impregnaría todas las colecciones que hizo después y la forma en que generaciones de mujeres vestirían a partir de entonces. Si el negro es un color elegante hoy es, en gran parte, por aquel uniforme religioso.

Estos son solo dos ejemplos de cómo los uniformes escolares han impactado en la moda a lo largo de los años, una relación que vuelve a acentuarse en este mismo otoño de 2021. El por qué de este boom por la estética colegial lo vienen gestando en los últimos meses algunas grandes casas de moda. El segundo look de los 58 que Balenciaga ha diseñado en su precolección de invierno aparece una modelo (fotografiada por Patrick Welde) colocada digitalmente ante la puerta de Brandeburgo, vestida con una sudadera larga de estética universitaria, falda de cuadros bajo la rodilla, botas infinitas en color morado y una bolsa al estilo de la compra en la mano. Esta colección (en la que, por cierto, el 90,6% de los tejidos están certificados como sostenibles) replantea los usos de la ropa formal e informal, con prendas unisex, nuevas intenciones y usos.

La firma francesa no es la única en adoptar los códigos college: de hecho, si hay alguien devoto del uniforme académico esta temporada es el británico Thom Browne -conocido primero por haber desempolvado el traje sastre y haberlo llevado a la modernidad de hoy-, que en su colección para la primavera de 2022 retuerce una y otra vez patrones colegiales que le sirven para mantener un discurso. Sus infinitas iteraciones del uniforme no solo demuestran su habilidad para la sastrería, también dicen que este atuendo puede ser una decisión intencional. En el mundo de Browne la uniformidad y la conformidad (dos términos que contrastan con el mantra de autoexpresión típico de la moda) son la búsqueda del individualismo.

La expresión más plástica de todo esto estuvo dentro y fuera de su desfile para la primavera de 2022 celebrado este septiembre en Nueva York. Sobre la pasarela reintentaba los patrones de mangas y bolsillos de la sastrería clásica, y desdibujaba lo más normativo del uniforme: en su imaginario faldas y pantalones ya no están asociados a mujeres u hombres, haciendo del uniforme una herramienta para aportar su visión en la conversación actual sobre los roles de género. Entre sus invitados, Ella Emhoff (hijastra de Kamala Harris, vicepresidenta de EE.UU. e icono de estilo de la generación posmilénica) y su novio el editor de la estadounidense GQ Sam Hine, ambos vestidos con chaqueta y falda colegial del diseñador. También estaban Rosalía, declinando a su manera el dúo de falda y chaqueta de cuadros (combinados claro con gafas de sol futuristas y zapatos de suela extragruesa), y Maisie Williams (maletín en mano incluido, casi irreconocible con las cejas decoloradas y la melena platino).

En las últimas temporadas hay muchos más ejemplos de esta. En la colección que Maria Grazia Chiuri diseñó en Dior para el otoño 2020 el uniforme escolar encajó en forma de blazers, pantalones cortos plisados, jerséis con cuello en uve y camisas con corbatas al cuello, todo ello salpicado con un tinte adicional de grunge. También la colección Preen by Thorton Bregazzi en el invierno pasado utilizó corbatas y cuadros de reminiscencias escolares. Antes fue Versace quien hizo su versión neo-noventera del uniforme (en 2018) y Moschino (2013) sacó un montón de trajes con falda de tartán inspirados en los colegiales japoneses en su desfile de 2013. Hoy basta echar un vistazo a TikTok o a los perfiles prescriptores de moda en Instagram para detectar faldas plisadas, chalecos, blazers o mocasines, que visten de la nostalgia de aquellas colecciones. Celebridades de muy distinto bagaje estético como Miroslava Duma o Hailey Baldwin han abrazado, también, la tendencia.

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Mientras la moda lo ha reinterpretado en clave de ironía o practicidad, el cine y la música lo han incluido en la cultura popular. En los primeros años dosmil el uniforme dibujó el estereotipo preppy en películas como Clueless (1995), Jóvenes y Brujas (1996, donde sus protagonistas transportaban las tendencias del momento como el grunge a su atuendo escolar) o Crueles Intenciones (1999). También Britney Spears dio la vuelta al mundo con su disfraz de colegiala en su mítico videoclip Baby One More Time (1998) y las Spice Girls se vestían de académicas catalizando su vertiente más sexy. Mientras los protagonistas de Gossip Girl (2007, que precisamente ahora graba su secuela) ilustraban todo lo estilista y esnob del uniforme (el tópico del “pobre niño rico”, un vestuario a base de blazers, cuadros, corbatas, diademas y bolsos de marca creado por el pupilo de Patricia Field, Eric Daman), que el fenómeno Élite (2018) ha vuelto a recrear.

Otras cintas como Las Vírgenes Suicidas (1999) o más recientemente Lady Bird (2017) lo retratan desde una perspectiva más estricta, ortodoxa y realista. Imposible olvidar también el breve pero mortífero personaje de Gogo Yubari en Kill Bill Volume 1 (2003, Quentin Tarantino, interpretado por Chiaki Kuriyama).

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La perspectiva asiática tiene, a su vez, infinidad de referentes: Sailor Moon (la serie de animación de 1992 creada por Naoko Takeuchi) y el K-pop son dos de sus exponentes más globales.

Lo curioso del uniforme es que nació con el objetivo de unificar e igualar y sin embargo, ha acabado convirtiéndose en un distintivo. La intención queda en cada uno.

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