“Gabrielle Chanel disfrutaba un poquito de la provocación. Con una cuenta de Twitter, habría sido muy tremenda”

“Gabrielle Chanel disfrutaba un poquito de la provocación. Con una cuenta de Twitter, habría sido muy tremenda”

Miren Arzalluz (Bilbao, 42 años) recuerda con especial emoción el día en el que ella y su colega Véronique Belloi, con quien comisaría Gabrielle Chanel: Fashion Manifiesto, descubrieron la prenda más antigua —data de 1916— de cuantas se exhiben en la muestra: “Lo que nosotros llamamos una marinère pero que no es una camiseta de rayas, sino una chaqueta en punto de seda marfil con un cuello marinero. Al verla comprendimos lo radical que era esa propuesta para aquella época por su simplicidad, su absoluto confort y la elección del tejido de punto sin teñir, que solo se utilizaba para ropa interior o infantil. No es que lo entendiéramos todo, pero sí mucho, de lo que significa el estilo Chanel”, me cuenta la directora del Palais Galliera, el museo parisino que, tras dos años y medio de reformas, acoge la gran exposición de moda de la temporada, en cartel hasta el 14 de marzo. Y que, por cierto y a pesar de una situación sobre la que, como dice su responsable, “no hace falta decir nada”, está siendo un éxito. “Cuando paso y veo las colas, me froto los ojos. El museo está lleno. Estamos muy contentos”, reconoce Arzalluz. Y es que a pesar del centenar de biografías y las numerosas películas, libros y exposiciones que ha inspirado, la figura de Chanel despierta aún un interés inusitado. Y más cuando se trata de un punto de vista poco frecuente y se aportan datos. Es el caso de Gabrielle Chanel: Fashion Manifiesto.



Para empezar, su comisaria evita referirse a la modista como Coco, ya que cree que este apodo está vinculado a su leyenda. “Decimos Gabrielle porque no nos hemos centrado en su personalidad, sino en su creación. En el objeto. En explicar, al público y a nosotras mismas, qué es ese estilo Chanel del que tanto se habla pero que resulta tan difícil de definir. Cómo nació, cómo evolucionó y cuáles son los principios que guiaron el trabajo de Chanel durante su vida, y por qué hoy sigue siendo no solo identificable, sino también elegante. Creo que más o menos lo hemos conseguido”, cuenta la hija del dirigente del PNV ya fallecido, Xabier Arzalluz, en conversación telefónica desde París, donde vive tras ser nombrada directora del Galliera en diciembre de 2017.

“CON UNA CUENTA DE TWITTER , CHANEL HABRÍA SIDO MUY TREMENDA”, OPINA MIREN ARZALLUZ

Así, entre las 350 prendas y accesorios presentes en Gabrielle Chanel: Fashion Manifiesto hay por supuesto trajes de chaqueta, el célebre tailleur; zapatos bicolor; un frasco del famosísimo perfume No 5; y el no menos popular bolso 2:55 de piel acolchada, sí, pero la clave está en las primeras creaciones de la diseñadora. En sus sombreros de los años diez del siglo XX, cuando abrió su boutique en Deauville, o en sus prendas de los años veinte y treinta, una etapa en la que, como insiste Arzalluz, su visión ya era “radical” con respecto a lo que ocurría en su entorno, en el mundo de la alta costura parisina dominado por su rival Paul Poiret. Una visión con la que fue coherente hasta el final. “Tuvo muy clara una cosa desde el principio: la simplificación de la silueta. Se propuso integrar el concepto de confort, de libertad de movimiento. De cierta naturalidad en la alta costura. Hasta los años diez este no era un criterio que importara en la moda femenina. Pero para ella una mujer que no se mueve con libertad nunca será elegante. Eso que hoy nos parece tan evidente, entre el streetwear y el sportswear, fue rompedor en su momento”.

Gabrielle Chanel se retiró después de la II Guerra Mundial, pero protagonizó un comeback glorioso en 1954. No solo volvió, sino que siguió haciendo exactamente lo mismo que cuando cerró su maison en 1939, lo que le granjeó críticas encendidas, en especial de la prensa francesa. Sin embargo, el tiempo la pondría en el lugar que se merece en la historia. Esa capacidad para reinventarse resulta hoy especialmente inspiradora. También una incorrección política que, según Arzalluz, no obedecía a meros intereses publicitarios. “Disfrutaba un poquito de la provocación por su personalidad, que era tremendamente compleja. Jamás se habría sometido a un marco concreto de opiniones. Con una cuenta de Twitter, Chanel habría sido muy tremenda”.



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