Isabel Marant: No soy nada materialista. Para ser feliz me basta estar con mi marido y mi hijo en Ibiza, al sol, nadando y cocinando para mis amigos

Isabel Marant: No soy nada materialista. Para ser feliz me basta estar con mi marido y mi hijo en Ibiza, al sol, nadando y cocinando para mis amigos

El paraíso de la diseñadora de moda Isabel Marant (Boulogne-Billancourt, 1967) está a 40 kilómetros de París, en el bosque de Fontainebleau, donde suele escaparse los fines de semana junto a su marido, el también diseñador de accesorios Jerôme Dreyfuss, su hijo Tal, de 18 años, y los amigos de la familia que quieran sumarse a la excursión, en la que no faltan las excursiones en kayak en el río cercano, las barbacoas y las sesiones de tarot.

Allí, en su cabaña sin luz ni agua corriente, Marant es feliz. "No soy nada materialista, así que para estar contenta me bastan mi esposo, mi hijo, el sol, nadar, cocinar para mis amigos. Es lo que suelo hacer cada verano en otro de mis lugares favoritos, Ibiza", cuenta la autora de las zapatillas de deporte favoritas de las famosas, por citar uno de los numerosos éxitos que ha cosechado desde que fundó su marca homónima en 1994, y a la que acaba de sumar una nueva categoría de productos: una línea de gafas.

"Este lanzamiento ha constituido una auténtica prueba para mí, ya hice una colaboración hace unos años que disfruté muchísimo. Encontrar el tiempo y el socio perfecto –la compañía italiana Safilo, que también fabrica las gafas de otras firmas de moda como Givenchy o Elie Saab– nos llevó algo de tiempo, pero estamos muy contentos de poder lanzar finalmente una gama completa. La colección refleja a la perfección mi prêt-à-porter, en el sentido de que hay muchas opciones y varios precios. Yo misma pierdo las gafas de sol todo el tiempo, así que no suelo gastar demasiado dinero en ellas, me basta con tener un par divertido y extravagante, que no sea demasiado caro, y otro más clásico del que jamás me desharía", explica Marant, que acaba de presentar su colección primavera-verano 2022 en París inspirada, tal y como rezan las notas de prensa explicativas, "en el momento en el que el sol se pone sobre la playa, en el color, la alegría y la sensualidad y en el ambiente deportivo y el espíritu futurista de las fotos de Hans Feurer que recuerdan a los años 90".


Con su cabello gris recogido en un moño deshecho –dejó de teñirse las canas hace años– y su look inconfundible, en el que nunca faltan una americana masculina, un par de vaqueros ceñidos y sus famosas deportivas, o sus botas de tacón triangular, Marant es la responsable del nuevo chic parisino, ése que resulta reconocible a un primer vistazo y que es imitado hasta la saciedad por las grandes cadenas de ropa.

"Me cuesta describirlo, pero no cabe duda de que ese estilo del que me hablas está cada vez más definido por la imagen que he construido con mi marca", admite. "Muchas mujeres me dicen que sus piezas de Isabel Marant son como viejas amigas que las hacen sentir más seguras, y esa es mi visión creativa, la de hacer que mis clientas se sientan poderosas y felices porque tienen ropa que les gusta y embellece sin que renuncien a la naturalidad. Diseño para mujeres que quieren tener estilo sin renunciar a su propia personalidad, mujeres genuinas que poseen una sofisticación oculta y remota. Mi estilo es cómodo, sencillo y sexy, con formas favorecedoras pero relajadas. Para mí, lo fundamental es que la ropa que vistes te haga sentir seguro en tí mismo", reflexiona la creadora, que lanzó en enero de 2018 su línea para hombre.


Su nueva colección de gafas de sol pone punto y final a unos meses complicados, a consecuencia claro está de la pandemia y del confinamiento, que fue especialmente duro en París, donde vive. Hasta el punto de que, en un momento dado, dejó de ver las noticias para no deprimirse. "Hemos atravesado tiempos difíciles, pero soy optimista y tengo los pies en la tierra por naturaleza, por eso siempre intento no ir en contra de la situación, sino adaptarme a ella. Además, cuando trabajas en esta industria tienes que ser capaz de resolver problemas en un instante", cuenta. Ahora que, al fin, ha podido celebrar un desfile como los de antaño, con público, "y de celebrar de nuevo la moda", solo le queda una asignatura pendiente, o eso le digo: crear un perfume. "¡Por supuesto que lo he estado pensando!", revela. "Solo necesito encontrar el momento adecuado".

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