Las fotos que prueban que Isabel Preysler es la invitada perfecta: reina de corazones… y de las bodas (sin hablar de las suyas)

Las fotos que prueban que Isabel Preysler es la invitada perfecta: reina de corazones… y de las bodas (sin hablar de las suyas)

Viendo las imágenes de la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag resulta evidente que la única que ha salido completamente indemne –en términos de estilo– y aparte de la novia, cuyo vestido de líneas clásicas confeccionado por la modista de confianza de la familia, Aby Güemes, ha envejecido estupendamente, es Isabel Preysler. Ese día la conocida socialite escogió un elegantísimo diseño de Giorgio Armani sin mangas y profusamente bordado con cristales y pedrería que causó tal sensación que fue elegida por unanimidad como la invitada más elegante del enlace. Algo que no deja de tener mérito, ya que competía entre otras con Inés Sastre y su Valentino de encaje que, quizá, resultaba demasiado transparente en una basílica, o con Miranda Rijnsburger, impactante con su modelo de Óscar de la Renta.

Y es que, además de en recepciones oficiales –ah, aquellas onomásticas del rey Juan Carlos en el Campo del Moro…–, inauguraciones de tiendas de Porcelanosa por todos los rincones del mundo o acontecimientos sociales en general, Isabel Preysler es imbatible como invitada.

Boda a la que va, boda en la que destaca como la mejor vestida. Algo que lleva siendo así años, décadas, y que este jueves recobra especial significado porque la madre de Enrique Iglesias o de Tamara Falcó cumple 70 espléndidos años.

Tanto es así que en no pocas ocasiones ha llegado a eclipsar a la novia. Sucedió con su propia hija Chábeli en su primera boda con el arquitecto Ricardo Bofill Jr en septiembre de 1993. La primogénita de Isabel y el cantante Julio Iglesias, el primero de sus tres maridos, llevó un vestido de Valentino pero poco pudo hacer ante el tres piezas de Yves Saint Laurent de su madre. Todo, de la chaqueta torera rosa pálido a la blusa azul bebé, pasando por la falda verde –sí, Preysler combinó los tres colores con éxito; y aún se atrevió a añadir un fajín amarillo– resultaba sencillamente impecable. Y eso que, tal y como malició algún periodista del corazón, el bajo de la falda distaba mucho de ser perfecto…

Veinte años después Isabel Preysler acudía a otro enlace de relumbrón que, en esta ocasión, no se celebraba en su familia pero casi: el de María Colonques, hija del dueño de Porcelanosa –la empresa de revestimientos cerámicos que emplea a la actual pareja del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa– con Andrés Benet. Y 20 años después la historia se repite: un fabuloso vestido de alta costura de Elie Saab que casi palidece ante el diseño de lunares y encaje firmado por Óscar de la Renta de la invitada más popular al festejo: Preysler.

Valentino, Saint Laurent, Óscar de la Renta… No cabe duda que una boda constituye una ocasión inmejorable para presumir de fondo de armario, pero Isabel Preysler también recurre a sus firmas españolas de cabecera siempre que tiene oportunidad. Es el caso de Tot-Hom, la casa de moda de la barcelonesa Marta Rota. De su taller salió el vestido drapeado en azul celeste con torerita a juego que llevó a la boda de otro Colonques, Manuel, el primogénito del presidente de la empresa, con Cristina Babiloni. Han pasado nada menos que 11 años y uno ve este look… Y salva hasta los zapatos peep-toe. ¿Qué tendrá, esta Preysler?

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