Así es el remake de ‘Historias para no dormir’ con Raúl Arévalo, Eduard Fernández y Natalie Poza

Así es el remake de ‘Historias para no dormir’ con Raúl Arévalo, Eduard Fernández y Natalie Poza

VIS, división de ViacomCBS International Studios, producirá para Amazon Prime Video y RTVE Historias para no dormir, la adaptación de la icónica serie de terror de Chicho Ibáñez Serrador, en colaboración con las productoras Prointel (compañía del fallecido realizador que lidera su hijo Alejandro) e Isla Audiovisual. Rodrigo Cortés (Buried), Rodrigo Sorogoyen (Antidisturbios), Paco Plaza (REC) y Paula Ortiz dirigirán los cuatro episodios que conformarán el formato. El rodaje de la serie ha comenzado ya en diferentes localizaciones de la Comunidad de Madrid.

Cincuenta años después de su estreno, Historias para no dormir vuelve a dar al público lo mejor del género de terror con el poder y talento del cine moderno. Rodrigo Cortés (que rodará La Broma), Rodrigo Sorogoyen (El Doble), Paco Plaza (Freddy) y Paula Ortiz (El Asfalto) se harán cargo de estos cuatro relatos autoconclusivos, de unos cincuenta minutos de duración, que harán disfrutar a los nuevos espectadores de versiones actualizadas de las mejores historias de Chicho Ibáñez Serrador.

Esta semana da comienzo el rodaje de La Broma, con guion y dirección de Rodrigo Cortés, una reelaboración libre de la historia original de Ibáñez Serrador que reúne a tres grandes actores —Eduard Fernández (30 Monedas), Nathalie Poza (La Unidad) y Raúl Arévalo (Antidisturbios)— en un triángulo de personajes poco edificantes dispuestos a traicionarse entre sí en cuanto su interés personal así lo aconseje.

‘La Broma’

La Broma, de junio de 1966, estaba protagonizada por Alfredo, un productor televisivo que tiene fama de bromista empedernido. Su mujer es amante de un buen amigo suyo y ambos planean asesinarle, pero Alfredo ha previsto su última broma…

Esta ‘historia para no dormir’ es tanto un divertimento cinematográfico como una historia de diálogos, personajes y atmósfera que provocará en el espectador más de una risa culpable, mostrando que la codicia —como cualquier otra pulsión humana— puede ser terrible y cómica a la vez.

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